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Miércoles, 08 Junio 2011 09:26

El agua embravecida de la lucha

Escrito por Claudio Puntel

El 29 de mayo, Río Bravo cumplió su primer año de vida en la web y lo festejamos a lo grande. No hubo piñata ni pelotero, pero sí mucho estudio, opiniones y debate. La coincidencia con los 42 años del Cordobazo nos dio tema para el encuentro.

Habíamos repartido unos cuantos volantes convocando al Panel Debate sobre El Cordobazo, 42 años después. Una historia, un legado. Sabíamos que había expectativas. No sólo habíamos recibido muchos “me gusta” a las invitaciones que habíamos hecho por Facebook; sino que también recibimos muchas buenas respuestas al correo de Río Bravo y sobre todo, en el cara a cara. El desafío nos ponía un poco ansiosos, hacía tiempo que no organizábamos una actividad pública de este tipo.

Llegamos temprano para acomodar las sillas del aula y pegar el hermoso e inquietante afiche que diseñó Agustina. Ya habíamos chequeado varias veces el compromiso de presencia por parte de nuestros panelistas Susana Cogno, Vocal representante de los docentes en el CGE y  Víctor Sartori, militante de la Agrupación 1º de Mayo de ATE (CCC). Contábamos las sillas y veíamos el modo de acomodarlas para que no se notaran mucho los espacios en blanco. La llegada de los primeros amigos invitados ayudó a bajar ansiedades, estábamos casi eufóricos cuando vimos personas a quienes no conocíamos. Mejor aún cuando vimos asomar por la punta del pasillo a Claudio y Male, docentes de la Escuela Martí, con un grupo enorme de alumnos irreverentes y curiosos. Después supimos que hubo compañeros que quedaron afuera porque el aula fue atiborrada.

Las palabras de apertura trasuntaban emoción por la presencia de trabajadores, estudiantes y luchadores del campo nacional y popular y por todo lo que significa la gesta del Cordobazo para la historia de nuestro pueblo y nuestra patria. Estuvieron presentes como referencia y como enseñanza los (al 2 de junio) 41 días de paro docente en Santa Cruz, la memoria de René Salamanca, Agustín Tosco y Atilio López; la experiencia todavía vigente del Argentinazo y las de nuestras luchas cotidianas. 

Los panelistas

Víctor Sartori comenzó con una “ubicación histórico política del contexto en que ocurrió aquella rebelión”. Remarcó la singularidad “que nunca se había dado hasta ese momento en la Argentina, de que el proletariado industrial en conjunto con los estudiantes presentaran una batalla tan a fondo contra las injusticias y contra el régimen”. Destacó en el contexto internacional al mayo francés “donde 9 millones de estudiantes y trabajadores habían conmovido el corazón de Europa”; a los movimientos de liberación en Asia y África; el movimiento negro en los Estados Unidos; la revolución cubana y el reciente asesinato del Che. Además, la iglesia católica había sacado encíclica Populorum Progressio, que entre otras cosas cuestionaba la propiedad de los medios de producción.

En lo nacional, teníamos “una dictadura como pocas veces se había visto”, incluyendo la proscripción del peronismo, que implicaba que “amplias bases obreras fueran totalmente excluidas y prohibida su participación política”. Los antecedentes de la Noche de los Bastones Largos en el 66’ y, más recientes, los asesinatos, de Juan José Cabral en Corrientes y en Rosario, de Daniel Bello. Víctor destacó que “en Córdoba, se daba  la situación de que era el conglomerado industrial más importante del país, con fábricas que tenían más de diez mil obreros. Empresas como la IKA, la Renault, Fiat, que posteriormente van a dar origen a los sindicatos clasistas”.

Luego de relatar los hechos de aquel 29 de mayo, Sartori resaltó que “muy pocas veces se volvió a dar en el país una situación así de revulsión, de discusión política; el grado de conciencia de las masas había hecho que se enfrentara a las fuerzas represivas y a las políticas del gobierno”. La principal consecuencia del Cordobazo fue la caída de Onganía y el deterioro del régimen. Pero también,  la recuperación de los sindicatos y comisiones internas que pasaron a ser conducidos por el clasismo.

Recordó la experiencia del SMATA, con René Salamanca, quien logró “una unidad amplia de todos los sectores; inclusive, peronistas”. Lo valioso de aquella experiencia “tenía que ver con que había sabido amalgamar el interés de los trabajadores. Las luchas democráticas por el levantamiento de la restricción al peronismo”; pero también la práctica de la rotación que hacía que “los dirigentes sindicales tenían que ir a trabajar a las fábricas. Volvían a la fábrica, porque ellos debían vivir lo mismo que vivían sus compañeros de trabajo”.

Sartori concluyó señalando la importancia de “mantener la unidad de los sectores populares; ir sobre las causas profundas de los que nos pasa; estudiar profundamente, no quedarnos con el cuento que nos venden en los medios masivos; aprender de nuestra historia, que no empezó en el 2003”. Recordó a los caídos “de las causas de los trabajadores, de las causas populares y de las causas de la independencia; que son todas causas del pueblo argentino”.

Susana Cogno comenzó analizando “lo que implica el Cordobazo, que representa un hecho político importantísimo” y por ello “lo referenciamos y nos unimos intergeneracionalmente, para poder dar un debate, un análisis y sobre todo, recrearnos como conjunto, volver a crearnos al momento de pensar la historia viva de nuestro país”. Reivindicó que “los que estamos organizados entre los trabajadores de la educación somos hijos del Cordobazo. Porque nuestra experiencia de organización sindical nace después de un hecho de estas características”.

La importancia histórica del Cordobazo reside en que dentro de “aquel contexto particular, la clase obrera, como trabajadores organizados, comienza a disputar el sentido político del proyecto de país que se llevaba adelante. A través de estas acciones ejercen una pulseada como para revertir no solamente en la crítica, sino también con un programa concreto lo que sucedía en ese momento con relación a la economía, la sociedad y la política”. El Cordobazo exhibe como “experiencia máxima el poder mostrar la unidad de la clase trabajadora en acción. Por eso decimos, que cuando una teoría se materializa, es porque el pueblo se apodera de ella. Salieron todos a la calle y lo pudieron poner en acción”.

El recuerdo de dirigentes como Tosco y Salamanca “nos remite a pensar en un sindicalismo diferente al que tenemos hoy, porque si tomamos las referencias sindicales que muestran los medios masivos de comunicación, estamos encontrándonos frente a la burocracia sindical, la expresión más decadente de lo que significa la no representación de los intereses de los trabajadores por parte de la dirigencia sindical”. En cambio, el del clasismo es “un sindicalismo profundamente combativo, preocupado por sus reivindicaciones, pero fundamentalmente por el destino del país y de la patria, en una unidad de acción con todas las fuerzas políticas que tuvieran el mismo interés”.

Susana expresó que a la profundidad y la riqueza de aquella experiencia, las clases dominantes respondieron con el golpe genocida del 76’; porque “las fuerzas hegemónicas vieron las posibilidades de organización de las clases trabajadoras y tomaron la resolución de aniquilar”. Venganza que no cesó con la democracia, que continuó desarmando “todo el aparato productivo del país, porque la continuidad del modelo no tuvo corte. Millones de trabajadores desocupados también fueron una revancha histórica”. Por eso, hoy, una tarea pendiente es “revertir ese proceso de una sociedad sin trabajo como articulador social. Cuando referenciamos el trabajo, decimos que es el primer articulador social, porque a partir de ahí es donde ensayamos nuestras formas de organización”.  Estas formas de organización necesitan “tener fijo el horizonte hacia el cual vamos: pelear por cambiar la forma de dominación sin perder de vista que en el proceso de lucha nos vamos educando unos con otros para considerarnos y construirnos como compañeros”. Finalmente, resaltó que “el proceso de educarnos unos a otros puede tener muchas formas para trabajar y entender que hoy el desafío más grande para los argentinos es pensar un proyecto de país alumbrado por los intereses de todos los trabajadores”. 

Intervenciones del público

Sebastián, estudiante de historia, trajo la experiencia de unión obrero estudiantil compartida en Ejemplar. Mencionó como hitos a “la unión obrero estudiantil, la resistencia obrera a la dictadura, la toma de Ford, lo de la Kraft”. Destacó que “quedó en la conciencia democrática el hecho de salir a defender la fuente de trabajo, como en Paraná Metal”. Lo de Ejemplar “recoge estas dos uniones: la unión en la lucha y la unión entre lo académico y lo práctico”. En Ejemplar, “a partir de la toma de la fábrica, vimos que era viable. Fuimos involucrándonos compañeros de diversas facultades: arte, comunicación social, trabajo social, compañeros de música. Es importante rescatar la lucha y la idea de lo académico y lo que aprendemos”. Mencionó el ejemplo de “los compañero de Bio, que lograron introducir un proyecto sobre cómo impulsar las máquinas, el cableado; entonces, volcarlo en esas experiencias”. Criticó la situación “en las universidades donde se cuestiona qué tipo de profesionales queremos para el día de mañana para transformarnos, pero nos encontramos con la LES -implementada por Menem y mantenida en vigencia- que nos forma para ser profesionales al servicio del mercado y no para la Argentina”. César Baudino, secretario General de Agmer, también hizo referencia a que “el Cordobazo se sitúa en un momento determinado de la historia, el estado benefactor, plena guerra fría”. En aquella etapa “el movimiento obrero era más homogéneo que las clases propietarias o las distintas burguesías que respondían a  distintos intereses”. Manifestó que a pesar de la dictadura, “que vino a romper la solidez del movimiento obrero, la clase trabajadora no ha dejado de luchar, pero no se puede trasladar mecánicamente recetas de Europa a contextos como los que vivimos nosotros. Por eso es importante la ciencia y la academia, pero no únicamente” y propuso, junto a otros ejemplos, “las cosmovisiones de pueblos autóctonos que nos permiten otra mirada” y rastrear los aprendizajes “en la vida misma, en nuestras propias experiencias”.  

Quequecha Brasseur (vocal docente de Primaria en el CGE) recordó que “cuando fue el Cordobazo, cursaba segundo año del secundario y estábamos ocupando esta aula. Había mucha movilización en Paraná, el instituto del profesorado fue tomado por docentes porque no tenía régimen de concursos”. Contó que los alumnos “veníamos y nos amotinábamos. A los profesores que no habían consursado, cuando entraban al aula no les dejábamos dar clase, les recitábamos poesía. La toma duró tres o cuatro días. A partir de ahí comenzamos a tener centros de estudiantes”.

Alejandro Sologuren, dirigente de la CCC, recordó que Paraná “desde el ‘66, ‘67 estaba en proceso de luchas, marchas, marchas de silencio, construcciones portuarias, ferroviarios, que venían desde el ‘63, contra el plan Connintes. El movimiento estudiantil, dentro del contexto internacional pero con  reivindicaciones propias”. Señaló algunas coincidencias y diferencias entre el Cordobazo y el Argentinazo de 2001; la particularidad de Córdoba es que había “un núcleo obrero nuevo, con las industrias recientemente instaladas”. En 2001, “nadie sabía lo que iba a pasar, hubo violencia porque no había soluciones a las necesidades”. El tema hoy es “que hay todo una campaña del gobierno, que se dice popular y eso es lo que debemos desentrañar, que no existe”. Por lo tanto, dijo, “tenemos que contraponer el proyecto político. Vemos que la economía se monopoliza, la riqueza se concentra, las diferencias entre ricos y pobres son cada vez más profundas, el 53% de los trabajadores son informales; hay amplios sectores que no acceden siquiera a los planes sociales”. Todo indica que “esto va a explotar”. Y planteó: “¿Qué hacemos? ¿Dejamos que explote sólo o conducimos para que tenga un objetivo, trabajo digno, liberación nacional, justicia? "

Publicado en Río Bravo el 8 de junio de 2011.

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