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Jueves, 02 Junio 2011 09:57

Roberto Arlt y la ayuda a una griseta

Escrito por Claudio Puntel

A Francine Dubonnet le habrá ocurrido lo mismo que a mademoiselle Ivonne. Cruzó el océano detrás de quien sabe qué promesas y con la Cruz del Sur como signo. Ivonne, en 1933 seguía bebiendo su champán con ojos tristes. Francine, en 1924 fue dada por muerta saturada de champán y cocaína.

Pero si la gente lo que necesita es plata... no sagradas verdades.
(Remo Erdosain en Los Siete Locos)

La Dubonnet también tuvo su tango. Griseta, se llama y fue compuesto en el ‘24 por José González Castillo y Enrique Delfino. A Madame Ivonne Eduardo Pereyra y Enrique Cadícamo atribuían “pinta brava de alegre griseta”. Francine, directamente fue llamada Griseta, el apodo que en Francia recibían las costureras y obreras. “Grisette” alude al color gris de la ropa de trabajo que solían  usar “las fabriqueras”.

 

Lo que trajo a Francine al arrabal fue “un sueño de novela”. Aquél arrabal, con su sordidez “secó su corazón lo mismo que un muguet”. El tango la muestra agonizando al igual que Margarita Gauthier, la protagonista de La Dama de las Camelias, novela de Alejandro Dumas.

 

Dicen los que saben que la composición de Delfino y Gozález Castillo inauguró el estilo de “tango romanza”, inspirado en las antiguas arias italianas. El pianista Delfino era escuchador de Verdi, Wagner y Puccini. González Castillo, el letrista, coincidía con esta influencia a la que agregaba sus lecturas de las novelas francesas de mediados del siglo XIX.

 

En los versos del tango hay referencias a todas estas fuentes. La Griseta era una “Mezcla rara de Museta y de Mimí”, recibía “caricias de Rodolfo y de Schaunard”; todos ellos extraídos de Escenas de la vida de bohemia, de Henri Murger. Personajes que antes habían aparecido en La Boheme de Puccini. Ella “soñaba con Des Grieux, quería ser Manon”. No se refiere a las galletitas insulsas que llevábamos al colegio, sino a los protagonistas de Historia del caballero Des Grieux y Manon Lescaut, novela de Antoine François Prévost. A Ivonne, "ya nada le queda... ni aquel argentino que entre tango y mate la alzó de París”. Francine, tuvo “la silenciosa agonía de Margarita Gauthier” y se durmió “sin hallar a su Duval”. Eso, según el tango.

 

La ayuda de Arlt

 

No sabemos cuándo ni cómo murió Francine; pero es casi seguro que en 1924, cuando se publicó Griseta, ella todavía vivía. Un testigo privilegiado, Miguel Jörg, médico, periodista e investigador, cuenta que a instancias de Roberto Arlt le tocó aportar algunos billetes para ayudar a la francesita “pizpireta, sentimental y coqueta”.

 

Jörg trabajó en Crítica, el diario de Botana; allí conoció a Arlt y Pichon Rivière, con quienes formaron un trío de amigos. En 1927, cuando Arlt entró a Crítica, Jörg tenía 18 años; por lo tanto, es posible que el episodio referido sea posterior.

 

Contó el médico que un día, el autor de Los Siete Locos le pidió catorce pesos. “Yo pongo seis, así tenemos veinte y hacemos un homenaje a una persona que lo merece”, aclaró Arlt, agregando que se trataba de “la heroína del tango Griseta, de Enrique Pedro Delfino”(1).
En esa época, Francine Dubonnet dormía en los pasillos del sótano del diario Crítica. Jörg asegura que "se había venido abajo, atacada por una sífilis que le había destruido el paladar”.

 

Entonces, Francine tenía 38 años y se veía avejentada por los efectos de la miseria y la enfermedad. Pero aun conservaba “su hermoso cabello y no había perdido las formas de su cuerpo”, cuenta Jörg. Arlt, que se describía como “un hombre de la calle, de barrio, como usted y como tantos que andan por ahí”, insistía en que había que hacerle un homenaje. Y acicateaba al médico: “Fíjate, es la heroína de un tango: no cualquiera. Vos, por ejemplo, ¿cuándo vas a ser héroe? ¿Quién te va a poner música? Te ven a vos y rompen los instrumentos...”

 

Con ánimo redentor que recuerda al farmacéutico Erguetta de Los Siete Locos, se dirigieron a ”la sastrería teatral más importante de Buenos Aires, lo de Danyans”. El sastre aportó el vestido, luego intervino “una maquilladora, creo que del Teatro Nacional”. A las diez y media de la noche, “fuimos a un restaurant que había en Buenos Aires, en Rivadavia y Rincón , El Guildo". Un comedor donde “cualquier cosa que Ud. quisiera costaba 20 centavos el plato; en las mesas ponían papel blanco y ahí servían”.

 

Allí, Roberto Arlt la presentó como “una gloria de nuestro teatro” y consiguió “que en la vitrola del restaurante pusieran el tango”. El homenaje fue un éxito, “todo el mundo aplaudía. Nos sentamos en una mesa. Se acercaron otras personas”. Allí, Francine Dubonnet, la Griseta, contó “cómo había venido de Francia, que la habían engañado con un contrato teatral, que luego había ido a un cabaret y le había salido un protector, que más adelante la había abandonado”. En pocas palabras relató una historia que se parece a las que hoy viven tantas chicas de nuestro interior sojuzgado, que engañadas y movidas por la desesperación terminan en las redes de la prostitución.

 

Jörg termina su relato contando que al terminar la cena, “se levanta Arlt, pide prestado un sombrero y recorre todas las mesas para hacer una colecta para comprarle un collar que le recuerde a esta señora un homenaje". Así, logró juntar unos cuantos pesos. Cuando su amigo lo cuestionó por el despropósito de “comprar a esta pobre mujer una joya”, Arlt replicó: “Estás loco vos! Con este dinero le pagamos por fin un mes de cama en una pensión mishia para que no duerma tirada en los fondos del diario”.

 

Como Griseta, Madame Ivonne o El Motivo (de Cobián y Contursi), son muchos los tangos que narran el destino de las bataclanas introducidas con engaños a la trata de blanca. La mayoría lo hacen en tono de melodrama; otros, como Acquaforte, de Pettorossi y Marambio Catán prefieren la denuncia uniendo la realidad de “las pobres milongas” con la explotación de los obreros que ganaban “dos guitas”.

 

Griseta

Letra: José González Castillo
Música: Enrique Delfino

Mezcla rara de Museta y de Mimí
con caricias de Rodolfo y de Schaunard,
era la flor de París
que un sueño de novela trajo al arrabal...
Y en el loco divagar del cabaret,
al arrullo de algún tango compadrón,
alentaba una ilusión:
soñaba con Des Grieux,
quería ser Manon.

Francesita,
que trajiste, pizpireta,
sentimental y coqueta
la poesía del quartier,
¿quién diría
que tu poema de griseta
sólo una estrofa tendría:
la silenciosa agonía
de Margarita Gauthier?

Mas la fría sordidez del arrabal.
agostando la pureza de su fe,
sin hallar a su Duval,
secó su corazón lo mismo que un muguet.
Y una noche de champán y de cocó,
al arrullo funeral de un bandoneón,
pobrecita, se durmió,
lo mismo que Mimí,
lo mismo que Manón.

Existen muchas versiones excelentes de este tango; recomendamos la de Carlos Gardel.

(1) Testimonios recogidos por Aurora Chiriello e Isabel Bonzano en VIÑETAS DE ROBERTO ARLT recogidas en 1930 por MIGUEL E. JORG EN EL DIARIO CRITICA

Publicado por Río Bravo el 3 de mayo de 2011

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