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Jauretche fue funcionario sólo cinco años (1946-1951) en sus 73 años de vida, como director del Banco Provincia de Buenos Aires, donde impulsó el apoyo crediticio a las pymes y los trabajadores. Todo el resto de su vida fue de lucha, a veces muy desigual, para difundir sus ideas, gobierne quien gobierne.
Aníbal es funcionario en distintos cargos desde 1983, o sea hace 27 años, la mitad exacta de su vida (tiene 54). Toda su lucha ha sido para pasar de un cargo a otro, asesor, intendente, legislador, ministro, lo que fuera, gobierne quien gobierne.
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Jauretche se alejó de su único cargo público por diferencias con el mismísimo Perón porque sus convicciones estaban primero.
Aníbal estuvo con Cafiero, con Menem, con Ruckauf, con Duhalde y con Kirchner, sin importar sus convicciones, porque sus necesidades están primero.
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Jauretche se hizo conocido por ser autor de frases incorporadas por la militancia de todos los sectores progresistas argentinos, e incluso muy usadas hoy (o sea medio siglo después) como por ejemplo: “O es pa’ todos la cobija, o es pa’ todos el invierno”. “Para algunos la libertad de prensa sólo es una máscara de la libertad de empresa”. “Asesorarse con los técnicos del FMI es ir al almacén con el manual del comprador, escrito por el almacenero”. “Nada grande se puede hacer con la tristeza”.
Aníbal, en cambio, es autor de frases que a los pocos meses no recuerda nadie, como “Yo soy duhaldista portador sano” o “La doctora Carrió no tiene todos los patitos en fila”.
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Jauretche podría haberse acomodado y tener un buen pasar durante los Gobiernos con los que comulgaba, tanto de Yrigoyen como de Perón. Pero no lo hizo, para ser fiel a sus ideas.
Aníbal se acomodó con todas las corrientes del peronismo que gobernaban en cada período, y mostró una enorme fidelidad al que diera su cargo, mientras tuviera poder para destituirlo.
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Jauretche mantuvo bajo perfil durante los gobiernos a los que apoyó, y sin embargo, en las malas fue el primero en defenderlos, poniendo el cuerpo y la palabra. Así estuvo en la revolución yrigoyenista en el Paso de Los Libres, y así polemizó con Prebisch en defensa de la política económica de Perón.
Aníbal tiene el récord de palabras usadas para agraviar a cualquiera que cuestione al gobierno en el que se acomodó, incluso si se trata del que lo había acomodado antes. Así, es capaz ahora de hablar pestes de Menem o de Duhalde, como seguramente mañana hablará pestes de los Kirchner.
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Jauretche fue perseguido judicialmente por peronistas y antiperonistas, pero no le pudieron endilgar ningún ilícito. Tras el golpe que derrocó al general Perón, debió escapar y refugiarse en Montevideo.
Aníbal fue perseguido cuando era intendente de Quilmes por el juez González Eliçabe por falsificación de documento público en el marco de una contratación dudosa. Al enterarse de su pedido de captura, se fugó escondido en el baúl de un automóvil y estuvo prófugo 48 horas.
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Algunas frases de Jauretche ya forman parte de la historia y los estudiosos las recuerdan y las usan como apoyo para sus análisis, como por ejemplo: “En economía no hay nada misterioso ni inaccesible al entendimiento del hombre de la calle. Si hay un misterio, reside él en el oculto propósito que puede perseguir el economista y que no es otro que la disimulación del interés concreto a que se sirve”.
Algunas frases de Aníbal, ni él quisiera recordarlas, como por ejemplo: “Los piqueteros están preparando la lucha armada, quieren voltear al gobierno por la violencia" (junio de 2002, poco antes de la represión del Gobierno de Duhalde, que acabó con la vida de Kosteki y Santillán).
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Jauretche dudaba de las certezas: decía que no era un vivo, sino sólo un gil avivado, y sus ‘Zonceras’ querían ayudar a “avivar” a otros.
Aníbal, nadie lo duda, es flor de vivo.
Publicado en El Miércoles Digital el 23 de abril de 2011. Reproducido por Río Bravo.

