¿Mito? ¿Es el Che un mito? ¿O fue una persona de carne y hueso, un argentino como cualquiera que esté leyendo esto, pero cuyo accionar en el mundo trascendió y traspasó límites que probablemente ni siquiera él mismo se propuso? El Che Guevara NO es un mito, es un hecho, una verdad. Fue un revolucionario que dio su vida por el socialismo y por la liberación de nuestra tan vapuleada América Latina de la opresión de sus históricos enemigos.
La edición del diario La Nación del 13 de febrero contenía una nota acerca de un libro sobre la vida del Che escrito para niños. Redactado en un estilo simple, infantil, con textos y dibujos que (pequeño detalle omitido de la vida de este revolucionario) “no hacen alusión a ningún hecho de violencia”, según afirma uno de sus autores. Titulado “Che. La estrella de un revolucionario”, el libro muestra en la tapa un dibujo de Ernesto Guevara de la Serna con dos palomas blancas posadas en su cuerpo y una estrella azul (no roja) en su mano izquierda. Es una iniciativa muy valorable inculcar en los chicos de hoy las ideas de un modo de vida distinto, socialista y con igualdad económica en la población, sin Mc Donalds ni videojuegos brotando en todas partes. Sin embargo, ya habrá tiempo para escribir un libro así sobre el Che, porque “Che. La estrella de un revolucionario” apunta para otro lado. Una de sus autoras, Costanza Brunet, ejemplifica de manera ilustre la utilización banal que se hace de nuestro comandante. Dice Brunet: “(…) los chicos tienen que conocer su historia porque fue un hombre que, más allá de sus tendencias políticas, tenía ideales y es un ejemplo en cuanto a sus valores (…)”. Más allá de sus tendencias políticas. Es como decir, “sí, está bien, era socialista, pero era buena persona”.
El testimonio de Brunet encaja a la perfección con el eje temático de esta nota, la desviación ideológica de la lucha de Guevara, ante la cual surgen inevitablemente algunas preguntas. ¿Lo malo de las ideas políticas del Che se compensa con lo bueno de sus valores? ¿No son acaso sus valores expresión fiel de sus convicciones políticas, y de la manera en que éstas deben ser realizadas? ¿Son opuestos la lucha por el socialismo con conductas llevadas al máximo de solidaridad, compañerismo, valentía, justicia, sacrificio y desinterés? Las respuestas preferimos dejarlas al criterio del lector.
Frente a los objetivos que guiaban la vida del Che resulta indignante el oportunismo de las clases dominantes para aprovechar su figura y construir un aura de idolatría mercantilista en torno a ella. Es muy bueno ver cientos de remeras con su cara en recitales o facultades, o saber que millones de habitaciones de jóvenes en todo el mundo son decoradas con posters de frases y fotos del Che. La cuestión a discutir es qué es lo que se resalta de él. Y en muchas ocasiones es aquí donde las clases dominantes y los imperialismos meten la uña: lo importante son “sus valores” a secas, que luchó por “sus ideales”. Bueno, pues, ¡dígannos cuáles fueron estos ideales! ¡Fue una revolución socialista, carajo! ¡Fueron extirpar, arrancar de raíz y con el fusil en la mano la opresión imperialista de América Latina, no “buscar construir un mundo mejor”, frase vacía y conformista si las hay, que entibia y camufla el fuego que ardía en el corazón de este hombre! Es común escuchar este tipo de slogans al oír hablar del Che en los grandes medios masivos de comunicación. Pero debemos reflexionar y difundir otra mirada, fiel a la causa que movió al Che a hacer la revolución.
El Che no es protagonista de una hollywoodense película de guerrilleros y tiroteos, ni es personaje de una novela de aventuras. No es un Robin Hood latinoamericano, un Superman de barba y boina. El Che fue dirigente y líder de un movimiento revolucionario que logró derrumbar una dictadura títere de los Estados Unidos para instaurar un gobierno socialista; triunfo, además, logrado en las narices de este imperio, el más cruel y prepotente predicador del capitalismo en el mundo entero. Y el Che tampoco lo hizo solo, no es un superhombre único en su especie y con una fuerza y una voluntad inigualables. Estos rasgos en él eran destacables, pero formó parte de un movimiento de miles, cientos de miles y millones de personas; todo un pueblo con un vigor nacionalista y solidario admirables.
Es necesario avanzar en una interpretación correcta de la lucha del Che, para discutir y dar por tierra con la tergiversación oportunista de sus ideas que suele verse tanto en un libro para niños como en numerosos documentales que surgen periódicamente en los medios de comunicación. El mundo está atravesado, en distintas medidas, por grandes luchas populares. Basta sólo con tener en cuenta las sucesivas revoluciones en el norte africano. Es en este contexto que la figura del Che vuelve a adquirir importancia y significado, y es primordial barrer con la utilización banal y que prime su ejemplo como guía para los jóvenes que llevan consigo las ansias de transformar nuestra realidad. “Luchar alegremente por cosas terriblemente serias” aconsejaba el Che, frase que sintetiza con justeza el sentimiento que debe motorizar estas ansias: lucha y alegría. Clave resulta, por lo tanto, destacar qué fue realmente el Che: ni utópico ni idealista, sino comunista y revolucionario.
Publicado por Río Bravo el 03 de abril de 2011.





