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Domingo, 27 Marzo 2011 07:06

Diario de un escritor entrerriano

Escrito por Roman Ortíz

De nombres repetidos, 24 de marzo con Gervasio, la Marcela y sus dolores, y la durísima vida en el frigorífico.


Crece la panza de la Marcela, como una piñata a punto de explotar. La verdad es que se la está bancando de manera estoica. Le duele, pero se hace la tonta porque lo ve tan cansado al Gervasio, que empezó a trabajar en el frigorífico. “Meta guacha y guacha, como la cumbia” -dice nuestro amigo que le dan en cada faena. La noria no sabe de padres primerizos, ni de distribución del esfuerzo.

 

Llegó el feriado por la Semana de la Memoria, y la familia se acercó a ver a los futuros padres. Nuestro amigo tirado en la cama hasta tarde, aprovechando para dormir, y descansar los brazos. “Muchos derecho’ humano’, pero mirá cómo me lo dejan al Gervasio”, dice la Lorenza, asqueada de la utilización política que se hace desde el Gobierno. Ella sabe bien de lo que habla, porque el padre de Gervasio, don Evaristo, la pasó mal por ser un obrero combativo. Se comió varias apretadas por defender a los compañeros, y muchos de los que ahora se llenan la boca de progresismo aplaudían la dictadura y eran buchones del milicaje.

    

Los tíos no se quedan atrás en la mateada. Beto le ofreció por enésima vez un puesto a su hermano en la municipalidad, si se sumaba a La Cámpora. Le dan los años justito para ser de la juventud militante rentada. Pero aunque le duelen los tendones por ser uno de los engranajes más débiles de la industria avícola entrerriana, que destruye tantos cuerpos como pollos, Gervasio no cede en sus principios. “La plata se gana trabajando, y el crotaje tarde o temprano termina preso” –le dice al Beto con una paciencia a prueba de fallos.

 

Mientras tanto, Luisa charla con su cuñada por los posibles nombres para el gurí que está en camino. Marcela le quiere poner Gervasio, pero el susodicho no quiere que el nene lleve la misma cruz que él. “Hay que ponerle un nombre má’ moderno, sino nunca va a agarra’ una computadora ese gurí” –le reclama con un poco de humor y todo. Tampoco faltan los consejos de una madre experimentada, para otra primeriza. Lorenza está con una oreja en cada conversación, y don Evaristo puteando cada cosa que le molesta de la televisión, como siempre.

 

Hubo un gran escritor, de apellido Erenburg, que les dedicó una novela a los obreros de Citroên. Contaba que aunque se morían sin tener un auto, eran los grandes responsables de las ganancias de la empresa. Con los frigoríficos pasa algo parecido, pero diferente. Pueden comer pollo o carne, depende de lo que estén faenando, pero no ven un peso de las fortunas que levanta la empresa. Y aunque coman como cerdos, las fuerzas se le escurren como la arena entre los dedos. Hasta que un día el lomo dice basta, y quedan más estropeados que los bichos del matadero. Ojalá podamos encontrarle otro destino a Gervasio, antes que llegue ese momento.

 

Publicado por Río Bravo el 27 de marzo de 2007   

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