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Jueves, 24 Marzo 2011 09:33

Honrar las muertes

Escrito por Martín Tactagi

A 35 años del golpe, honrar la lucha de los desaparecidos, es mantener en alto las banderas que llevan impresas sus consignas. Es apropiarse de sus voces y ponerles el cuerpo que les han robado. Es unificar las reivindicaciones del ayer con las de hoy. De esto se trata, de honrar sus muertes.

Con lluvia o con calor, todos los 24 una marcha de corazones y gargantas que se engrandecen, recorren las calles dando pelea a ese puñal oxidado que trata de arrancarle pedazos a los recuerdos de la memoria. Marchamos cada año porque los pedazos se unan y formen historias. Marchamos por reconstruir la historia, juntando datos, exhumando huesos, recogiendo palabras. Marchamos cada año por no bajar las  banderas que a fuerza de sangre hemos mantenido en alto. Esas banderas también son la memoria, porque llevan grabados las voces de quienes hoy no están. 

Marchamos por justicia, por ver los militares responsables pudriéndose en la cárcel, por ver sus cadáveres detrás de las rejas, y si no fuera de locos, por ver sus huesos dentro de las celdas, hasta ver cómo el tiempo los vuelve polvo. Es mucho más de lo que tuvieron los nuestros. Marchamos por ver a los hombres de negocios que fundaron sus empresas sobre 30.000 desparecidos, también presos, gozando de comida y salud que es mucho más que lo que tuvieron los miles de muertos por desnutrición como consecuencia de los planes económicos de la dictadura.

En estos años, los distintos gobiernos tuvieron que enfrentar muy a su pesar la sed de justicia de un pueblo empecinado en recordar. Todos y cada uno, desde Alfonsín hasta Kirchner, tuvieron que atender esas exigencias, aunque más no sea con gestos. Pero fue necesario en el 2003 que esos gestos se transformaran en hechos claros y contundentes porque afuera, en las calles, una procesión de gargantas imponía el “que se vayan todos”. Fueron los años de ahorros robados y panzas vacías, de traidores y mendigos, arquitectos taxistas y abuelos desnutridos, de piquete y cacerola. Entonces Kirchner entró a los cuarteles, empujó las puertas de los despachos y bajó los cuadros de los Videlas y compañía. No imagino un solo rostro que por esos días no se iluminara de esperanza. Finalmente el mandato popular se imponía. Kirchner representó para miles la justicia hecha cuerpo. Una parte de los organismos de los derechos humanos, Madres y Abuelas, estoicas combativas por la vida, por devolverle la muerte a los desaparecidos, por colmar de cuerpo el enorme hoyo abierto en la descendencia, una parte de Ellas, abrazó a Kirchner y le entregó el pañuelo como símbolo de agradecimiento. Kirchner abrazó la bandera de los DDHH y construyó un discurso acorde. Pero junto con esto apareció el pago de la deuda externa contraída por la dictadura, las patotas en los reclamos laborales y el enjuiciamiento de los luchadores populares y su entusiasta relación con el grupo Clarín, fogonero de la dictadura. Un océano de contradicciones envolvió a los Kirchner; que por un lado gritaban contra los asesinos de la dictadura y por el otro continuaban en esencia el plan económico de la misma. Su relación con Rocca, dueño de Techint, empresa que creció con los beneficios de la dictadura fue parte de estas contradicciones, del mismo modo que su abrazo con Chávez y Evo Morales, en defensa del UNASUR. Fueron los años en que el doble discurso confundió a muchos. Después vino el abrazo de Cristina con Blaquier y las cosas fueron quedando más claras. Carlos Pedro Blaquier es un “filántropo” (ver “Los genocidas buenos”) dueño de ingenio Ledesma y autor del apagón, la noche en que el coleccionista de arte hizo entrar a la dictadura para que se llevase a los obreros.

¿Por qué entonces, hay sectores de los organismos de DD HH que restan trascendencia a estos hechos? ¿Por qué Madres como Hebe de Bonafini que tantas veces empuñó en la cabecera de las marchas la bandera por el no pago de la deuda externa, hoy no dice nada cuando se paga? ¿Por qué el silencio frente al abrazo con Blaquier, frente a los miles de luchadores populares procesados?

Quienes acusan a estos sectores de los Derechos Humanos de hacerlo por dinero no hacen más que ensuciar vilmente la figura de quienes marcharon primero unas, después otras, con sus pañuelos, alrededor de la plaza de Mayo. Aún con el fúsil apuntándolas, con las barras bravas gritándoles locas y viejas putas, con una sociedad que las ignoraba, Ellas caminaban arrastrando los nombres de sus hijos de comisaría en comisaría, de bar en bar, asomando la nariz a un infierno de muerte y torturas. Esas mujeres estoicas que aprendieron de sus hijos el valor de la lucha, ni se vendieron ni renunciaron.     

Las políticas de propaganda de Kirchner primero y  Cristina después, han resultado muy eficaces a la hora de sembrar confusión, presentando como desendeudamiento lo que es pago de deuda ilegítima, como popular su alianza representada con la mafia de Moyano mientras sus patotas apalean a los productores agropecuarios y a los trabajadores tercerizados, como democrático cuando en realidad son miles los luchadores populares procesados y es nuestro país el único entre sus hermanos que promulgó la ley antiterrorista exigida por Estados Unidos (no lo hicieron Bolivia, Brasil y Uruguay). Respecto a la soberanía, ninguna de las industrias estratégicas como el petróleo, la electricidad o el acero privatizadas por el menemismo han sido estatizadas, así como no se dictó ninguna ley que evitara la extranjerización de la tierra.

Alguna vez, estas Madres dijeron que Kirchner es lo mejor a lo que puede apostar el pueblo argentino hoy. Después se lo escuché decir a otros dirigentes políticos honestos que se sumaban a las filas del kirchnerismo. La imagen de Kirchner entrando a la ESMA, bajando el cuadro de Videla, será tan imborrable de la memoria de quienes han luchado incansablemente por justicia y cárcel a los genocidas como la repulsión que despierta la oposición de derecha. ¿Entonces los Kirchner son de izquierda? Los argumentos antes mencionados sobran para decir que está lejos de ser progresista. Es falsa la opción “ellos o nosotros”. Sus diferencias con Duhalde y el radicalismo, radica en que supo leer el estado de ánimo de ese pueblo convulsionado que en el 2001 derrocó a De La Rúa y en el 2002 precipitó la partida de Duhalde. Para gobernar en la Argentina del que se vayan todos había que hacer concesiones. Entonces los Kirchner incursionaron en las políticas de DD HH y convencieron a amplios sectores progresistas de que ellos eran lo mejor a que podía apostar el pueblo argentino. 

En esto se equivocaron las Madres que entregaron los pañuelos, los que arriaron las consignas por el no pago de la deuda externa, los que cambiaron las banderas de los desaparecidos por la aparición de sus cuerpos y cárcel a los militares. ¿Dónde están las banderas de los desaparecidos sobre el antiimperialismo, la justicia social, la revolución, la soberanía? Han terminado olvidando aquello por lo que los desaparecidos dejaron su vida, la justicia por sus muertes. En esto se equivocan. Porque es mentira que el pueblo argentino solo puede apostar a los Kirchner. Un pueblo que hizo la revolución de mayo, la revolución del parque, la reforma del 18, las cientos de huelgas campesinas y obreras, un pueblo que mientras algunos pintaban “viva el cáncer” fue en cientos de miles a despedir a la abanderada de los humildes, un pueblo que parió a fuerza de dejar los pellejos por las calles el Cordobazo y el Correntinazo, y que más tarde protagonizó el Argentinazo, que peleó en Malvinas, que sufrió dictaduras sangrientas y aún así camina, al cabo de 35 años, recordando sus mártires, alzando orgulloso las pancartas con sus rostros, esos rostros que representan un estandarte de dignidad y heroísmo… Se equivocan porque este pueblo ha sido el único responsable de sus triunfos, aunque algunos insistan en apropiarse de las banderas que solo al pueblo pertenecen. Porque en estos 200 años de historia, a pesar de las muertes y la represión, antes que las banderas caigan de nuestras manos, estuvo la mano de otro argentino para salvarla del polvo del olvido, aún a costa de su propia vida. Por esto se equivocan, porque mañana, aunque no estén ahí, será el pueblo entero el que se movilice por memoria, verdad y justicia, aunque algunos quieran ensuciarlo con un acto electoral. Porque ante todo el pueblo, con lluvia o calor, como hace 35 años aquellas Madres dando vueltas a la plaza, no faltará a la cita de honrar sus muertos.

* En la foto, la presidenta CFK con el empresario cómplice de los genocidas Carlos Pedro Blaquier.

Publicado por Río Bravo el 24 de marzo de 2011.

 

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