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Sábado, 18 Diciembre 2010 13:16

Fin de año

Escrito por Jesuana Aizcorbe

Por Jesuana Aizcorbe - El 20 de diciembre, para mí, es el último día del año. Todo lo que viene después es otra cosa, algo nuevo. Antes de 2001, esa fecha no significaba demasiado, salvo el cumpleaños de una amiga que quiero demasiado. Pero desde hace nueve años, cada 20 de diciembre el 31 se me adelanta.

 

Hace varios años que, cada veinte a la mañana, me preparo un tereré y me siento con el ventilador en la cara a mirar “Memorias del saqueo”. Lo hago porque esa excelente película me ubica en tiempo y espacio. Me devuelve a la bronca, a la rebeldía, a las ganas de cambiar “este mundo desgraciado”, como diría Paco. Creo que uno de mis mayores orgullos es decir que hice el Argentinazo. Que fui una de esos miles, millones que salieron a gritar que se vayan todos, que tiró piedras, todo eso que se ve en la peli.

 

Al principio sentí miedo: cuando lo vi a De la Rua en la tele, diciendo su discurso autista y decretando el estado de sitio, pensé que una vez más nos habían jodido, y juro que me encogí donde estaba sentada. Gansa. Seguí mirando la tele, porque no sabía qué hacer, y en el programa que estaba mirando por ahí aparece un móvil, y enfocan las ventanas y empiezan a escucharse las cacerolas (¡como en la peli de Pino!). Y para siempre dejé de sentirme sola.

 

Ahí empezó el Argentinazo para mí, aunque después, pensándolo bien, me di cuenta de que había empezado antes. Entre Ríos estaba cortada a lo largo, por tantos cortes de ruta desde hacía varios días. Las multisectoriales aparecían por todos lados. Cientos de marchas, asambleas. Era el cambio, era el pueblo tomando en sus manos la tarea.

 

Me enteré de la renuncia de De la Rua sentada en un bar con tres compañeros, discutiendo cómo seguían las cosas. Vimos el helicóptero por la tele, en esa imagen inolvidable, y los cuatro nos levantamos y salimos corriendo a la calle, que era el único lugar posible para estar en ese momento. Corrimos a abrazarnos con los otros y ahí nos enteramos de las muertes (de algunas). Lo que vino después, lo conocen todos: marchamos, nos corrieron, y así.

 

La noche del veinte nos reunimos los que quedábamos en el patio de un local gremial, y me brotó el odio desde el fondo de las tripas cuando contaron que habían matado a Eloísa y a Romina. Nunca me voy a olvidar de la voz que lo contó, de la bronca de esa voz, de la contundencia: esa voz decía no olvidamos, no perdonamos, vamos por más.

 

Dos días después me enteré de la desaparición de José Daniel. Más tarde, de algunos detalles de su muerte. Unos días después, de la muerte de Pocho, hermano de un amigo, ángel de la bicicleta. La bronca y el odio siguen creciendo.

 

Hace cosa de un mes, sobreseyeron a Fernando de la Rúa por los asesinatos durante las jornadas de 2001. En pocas palabras (perdonarán la interpretación los abogados), le dijeron que no se preocupe: no tuvo nada que ver. La tumba sin nombre de José Daniel, la cruz q recuerda a Eloísa en el berduc, los silencios del hermano del pocho, todo se me vino a la cabeza, martillando. El poder lavándole las manos al poder. Otra vez.

 

Una de las cosas que más me molesta de los feligreses del nuevo santo es ese discurso de “EL nos devolvió las ganas de meternos en política”. ¡PERO SI FUIMOS NOSOTROS! Nosotros lo hicimos, compañeros, nosotros. Con la mente fría, con el corazón caliente, con el puño combativo. No les alcanza con subirse a la lucha de los derechos humanos, de la democratización de los medios, del derecho a la asignación universal, no: también nos quieren regalar un papá que nos devolvió la esperanza. Esos fuimos nosotros. ¿Algún día nos daremos cuenta de una vez y para siempre de lo que hicimos, de lo que podemos hacer?

 

Creo que miro “Memorias del saqueo” antes de ir a la marcha, pase lo que pase, para acordarme de quienes éramos, de quienes somos: para no olvidar lo grande que es este pueblo, y lo hijos de puta que son los que nos gobiernan (De la Rúa reprimiendo en Corrientes a diez días de haber asumido; Cristina felicitando al gobernador de Formosa, después del asesinato de los Qom).

 

La vuelvo a mirar para recordar que solamente nosotros podemos terminar con esto.

 

Cualquier día de estos.

 

NOTA: Sé que es demasiado personal, pero este pequeño y mal escrito va como abrazo para Camila y Gustavo, que me abrazaron y sostuvieron ese día, como tantos otros, para que no me quede quieta y pueda seguir.

 

 Publicado en www.riobravo.com.ar el sábado 18 de diciembre de 2010.

 

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