Director: Orson Welles Reparto: Anthony Perkins, Romy Schneider, Jeanne Moreau y el propio Orson Welles. Duración: 120 minutos País: Francia / Italia / Alemania Año: 1962
Basada en la novela homónima de Franz Kafka, la historia tiene como protagonista excluyente a un Anthony Perkins que representa de forma brillante a un típico oficinista acomodado. Encerrado en sí mismo y correcto al extremo, cree que su buena posición lo ubica sobre firmes cimientos. Sin embargo, desde el minuto uno de la película, un grupo de policías lo interpela como el sospechoso de un “terrible crimen”. Esta situación lo va sacando de quicio, e irá rompiendo muchas de sus propias barreras para descubrir de qué se lo acusa. Paralelamente, una bellísima Romy Schneider, sugerente y provocativa, interpreta a una mujer que se cruza en su vida para intentar rescatarlo, y explicarle cómo funciona este sistema desconocido para el joven oficinista. Tanto ella, como una prostituta borracha que se alejará de Perkins como si fuera un leproso tras convertirse en sospechoso, parecen ser guiños al Crimen y Castigo de Dostoievski. Otro de los personajes centrales de la historia es el propio Orson Welles, un abogado que es el estereotipo de las peores mañas de los hombres de leyes. La historia cierra con un giro inesperado, pero deja múltiples aristas para pensar, gracias a que profundiza, lógicamente, mucho más en los aspectos formales de la situación judicial del protagonista, que en las propias causas que lo llevaron a ser perseguido por la ley.
Desde el punto de vista técnico, la película no parece tener casi cincuenta años. La variedad de planos, y el ritmo de la historia, no tienen nada que envidiarle a muchos de los thrillers actuales. No se puede esperar menos del brillante Orson Welles, injustamente recordado casi exclusivamente por el incidente radial vinculado a “La guerra de los mundos”. Sin embargo, lo más interesante de la historia es la forma en que se van sucediendo todas las obsesiones que Kafka pone sobre la mesa en su obra. La descomposición de una sociedad que, en el caso de esta película, recae sobre la Europa de posguerra. El sentido totalmente arbitrario que tiene la justicia burguesa, fuertemente vinculado a las necesidades políticas de la élite gobernante antes que a la necesidad de regular el bien común. La alienación como característica sobresaliente del trabajo industrializado, que hace sentir a todos los hombres prisioneros de una rutina que los enloquece. El rol de la figura paterna, que es quizás la preocupación más autobiográfica que enuncia Kafka en todas sus obras. Concluyendo, sobran los motivos para permitirse este viaje en el tiempo, que, como si fuera poca oferta, se encuentra doblada y por partes en la más conocida página de Internet para reproducir videos.

