Otra vez una desgarradora noticia sacude al mundo del fútbol. Samuel Rebollo, jugador de las inferiores de Aldosivi, se suicidó tras enterarse que quedaba "libre", que tenía que buscar nuevo equipo. Si se reduce a una tragedia individual, se imponen las condolencias de protocolo y "el show debe continuar". Leandro Gillig, entrenador de fútbol, especializado en formación, propone "empezar a hablar de las presiones que existen sobre nuestros pibes" y una serie de preguntas urgentes.
El sábado pasado, una triste noticia invadió los medios de comunicación. Se trataba del suicidio del reconocido futbolista, Santiago “El morro” García, delantero uruguayo de 30 años de edad. En un ambiente donde casi 4 de cada 10 jugadores reconoce síntomas de depresión y la ausencia de cualquier tipo de asistencia al respecto, la representación social que los medios y la cultura dominante intentan imponer sobre el “ser” futbolista pareciera centrarse solo en las ventajas sociales de esta profesión. Ansiedad, depresión, angustia y excesos, parecieran ser la contracara de un mundo donde derrota es igual a fracaso y no hay margen para el error.