El relato nos invita a viajar a aquellos carnavales en los que el agua, la sorpresa, el amor organizado y las cuentas de mamá en una mesa “donde se repartía justicia”, creaban un mundo mágico que permanece vivo en los recuerdos de quienes los vivieron.
No es la gran cosa tener rating. En mi país otro señor que se comía un alfajor triple de un solo bocado supo ser el rey del rating.