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Domingo, 05 Junio 2011 07:47

Ciudadanía, Capital y Estado

Escrito por Gustavo Lambruschini. Profesor de Filosofía (UADER y UNER)

La libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la libertad del libre uso de la palabra, el libre uso público de la Razón es el primero y fundamental de todos los derechos, el derecho en el que se sustentan todos los otros derechos…

§ 1. Sólo los dogmáticos, i. e., sólo los que subordinan la verdad y la justicia(1) a la autoridad y al poder más o menos religioso de un líder carismático o un hombre "por derecho divino" o una iglesia o un partido falsamente político, sólo los que reivindican únicamente para sí la verdad de los enunciados y la justicia de las normas como un privilegio personal o grupal, sólo los que desconocen la falibilidad, la historicidad y la multiplicidad pueden pretender el monopolio de la palabra y el silencio respetuoso y obediente de los otros, transformados en inertes espectadores y oyentes y aun en una grey, i. e., en un rebaño. La forma típica, el tipo ideal, es el así llamado "despotismo oriental". La hodierna experiencia histórica más evidente e intuitivamente accesible es el caso del principado del Vaticano, la última monarquía absoluta por derecho divino que subsiste en Europa; también, los regímenes fascistas y falsamente de "izquierda" que apoyados en la ideología injusta de la "razón de Estado", se creen con la legitimidad de hacer callar a los ciudadanos libres e iguales. Sólo éstos pueden exigir, aun de forma coactiva, la renuncia de la libertad de expresión y de la soberanía del Yo que decide en última instancia acerca de lo verdadero y lo justo.

 

La libertad de pensamiento, la libertad de expresión, la libertad del libre uso de la palabra, el libre uso público de la Razón es el primero y fundamental de todos los derechos, el derecho en el que se sustentan todos los otros derechos. Desde un punto de vista iusfilosófico, los derechos son formas específicas de ser-libre; desde un punto de vista empírico, son conquistas sociales e históricas, resultados de la lucha por la libertad y por los derechos, lucha que comienza con el libre uso de la palabra y el diálogo. La libertad de hablar y de ser escuchado es la primera forma de que un sujeto es reconocido como tal, i. e., como sujeto de sus actos y de sus palabras. Esto significa que no existen crímenes ni delitos de pensamiento y de expresión: nadie puede ser legítimamente castigado por pensar o decir algo; también, que el ninguneo es un acto moral, política y aun jurídicamente reprochable. La censura es jurídica y políticamente ilegítima; la autocensura es moralmente reprochable. Ni en el cielo ni en la tierra existe un poder racionalmente justificado que pueda censurar el uso público de la Razón.

 

La dignidad humana (dignitas hominis) se fundamenta en la libertad, en el hecho moral de que los seres humanos no son cosas ni deben ser tratados como cosas. La primera determinación de la libertad es la libertad del pensamiento y la libertad de expresión (que son un tipo específico de "actos"2). También, la Idea de un Estado de Derecho (¹de facto) cuyo sistema de leyes se sustenta en el consentimiento y el consenso lúcidos y conscientes de los ciudadanos, se asienta en la libertad de expresión. En fin, también la Democracia que se caracteriza por la soberanía popular, que es el resultado sucesivo de la voluntad pública y de la opinión pública que se ha constituido por procesos de deliberación y del debate público de ideas.
Las condiciones históricas y sociales de posibilidad del ejercicio de la libertad de expresión han sido la existencia del así llamado "espacio público". Históricamente, en la Antigüedad, el espacio público (politikós) donde se ejercía la libertad de expresión o el igualitario uso de la palabra (isegoría), se distinguía formalmente del espacio privado o económico (oikonomikós); modernamente, el espacio público (como una República de las Letras3) es una esfera formalmente distinta del Estado (Staat) y de la sociedad burguesa o de los propietarios (bürgerliche Gesellschaft).

 

§ 2. Con el anacronismo "libertad de prensa" designaremos a todos los medios materiales (editoriales, radios, TV) por vía de los cuales se ejerce la libertad de expresión y se llega a un "público". La libertad de prensa condiciona a la libertad de expresión y a la posibilidad de hacerse oír. La libertad de prensa es el sustento material de la libertad de expresión, como el alimento, el vestido y la vivienda son el sustento de la vida. Así pues, se puede cercenar la libertad de expresión condicionando la libertad de prensa, i. e., condicionando los medios materiales para su ejercicio (por la vía normativa del Estado o económica del Capital).

 

Ahora bien, en la sociedad tal cual hoy está constituida, las instituciones cosificadoras, enajenantes y alienantes del Capital y del Estado condicionan y de facto censuran el derecho de la libre expresión. El Capital trastorna a los "discursos"(4) en mercancías, en otra forma de la revalorización privada del Capital, y el Estado (así llamado la organización "legitima" de la violencia) trastorna a los discursos en inputs del Poder, en una forma de revalorizar y acrecentar el Poder, a sabiendas de que la mercancía es un cierto poder y el Poder una cierta mercancía. Las instituciones del Capital y del Estado amenazan igualmente a la libertad de expresión que buscan hegemonizar e ideologizar, y al espacio público que buscan colonizar. El Capital y el Estado buscan así lograr consenso y consentimiento para su dominación (Herrschaft), para su dominación despótica.

 

Los comunes intereses "estratégicos" del Capital y del Estado pueden contradecirse entre sí "tácticamente", i. e., sólo tácticamente. El Estado en una disputa interburguesa puede amordazar a una fracción de la burguesía para beneficiar a otra (v. g. Hoy los K arremeten contra los capitalistas de la prensa para beneficiarse con el capital financiero y el "capitalismo de amigos [testaferros]"). Pero hay que tener lúcidamente en cuenta que cada vez que la lucha de clase se exaspera, el Capital y el Estado (dos caras de una misma relación social 5), los burgueses y los burócratas de los partidos del Estado, defendiendo sus fines estratégicos, se asocian de forma unánime para cercenar, censurar y acallar las voces que los combaten. Cuando se agota el recurso del "desfinanciamiento", el Estado, una institución estructuralmente terrorista, como "Estado de excepción" o como "Estado hobbesiano", censura y prohíbe la libertad de expresión. La lucha de clase y la lucha política, ilustrada desde la consciencia de clase, tienen en la lucha semiótica un capitulo fundacional; de ahí que cuando se exacerban, las reyertas interburguesas pasan a un segundo plano y la antigua alianza se reanima para censurar la voces antisistémicas. En conclusión, el espacio público, la libertad de expresión y la opinión pública se encuentran sólo "tolerados" e igualmente amenazados por el Capital, por el Estado y su prole, que buscan manipularlos a su favor.

 

Heredando la tecnología de la Iglesia ("el poder pastoral"), la metodología que llevan estratégicamente adelante el Capital y el Estado, puede ser la burda censura. Pero cada vez más, desde la Caída del Muro, la metodología de desactivación de la crítica es llevada a cabo por vía de la relativización. La relativización postmoderna, la más sutil relativización de todo, es una versión de la "tolerancia represiva" y  del "lenguaje unidimensional" de los que hablara Marcuse. Con tal que no se desestabilice el status quo, "todo vale", "todo es cuestión del cristal con que se lo mire", "todo es cuestión de gusto".


En fin, la libertad de expresión está amenazada por la ignorancia y la ideología (entendida como la "falsa consciencia"). La amenaza más grave de la libertad de expresión es la ignorancia. La competencia lingüística, la competencia comunicativa, la competencia de valerse eficazmente de un "diccionario" y de una "enciclopedia", entendidos de forma genérica y de los que de forma competente se pueda valer un hablante, son un requisito de la libertad de expresión y del uso público de la Razón en el sentido auténtico y normativo de la expresión.

 

Por último, bajo las actuales circunstancias, y estando la sociedad  tal cual está hoy constituida, y puestos a optar entre el control capitalista de los medios y el control monopólico estatal de los medios, hay que optar lúcidamente por la naturaleza mercantil de los discursos. En tales circunstancias, frente al monólogo del Poder, los ciudadanos siempre cuentan con el recurso democrático del zapping o el de la compra de otro periódico. Dicho intuitivamente: puedo leer La Nación o Tiempo Argentino, Clarín o Página 12; puedo escuchar a Víctor Hugo Morales o  a Magdalena; puedo ver TN o C5N, etc.

 

§ 3. Con el nombre de publicidad de los actos de gobierno, se conoce la obligación democrática y republicana del Estado de Derecho de informar a los ciudadanos de todas las medidas y decisiones que se toman en la esfera estatal. Desde el punto de vista de los ciudadanos esta obligación del Estado de Derecho se conoce con el nombre de derecho a la información, que -mientras tanto- se ha ampliado hasta abarcar todas aquellas acciones y decisiones que tengan interés público y puedan afectar a un cierto número de interesados y que vale también para poderes extra estatales como los económicos, clericales, etc. En La paz perpetua, Kant dice de manera drástica: Todas las acciones referidas al derecho de otros hombres cuya máxima no pudiera ser pública, son injustas. Kant tenía puestos sus ojos, obviamente, en los arcana imperii del Antiguo Régimen. Hoy, con el correr del tiempo, también a no pocas decisiones y acciones de muchas poderosas corporaciones y factores de poder, les cabe la severa obligación que Kant demanda. Así pues, el público, los ciudadanos libres e iguales, no sólo tienen el derecho de expresarse públicamente haciendo uso de la propia razón, sino tienen el derecho inalienable de conocer toda la información de las decisiones y las acciones que los afectan. En este contexto, se percibe con claridad hasta qué punto son democráticas y republicanas las acciones de Wikileaks, y  reaccionarias en términos absolutistas, las de numerosos funcionarios y burócratas norteamericanos.

 

Así, el Capital, el Estado, los mass-media, las corporaciones religiosas y otros grupos antidemocráticos de influencia tienen no sólo la capacidad de afectar la ciudadanía por vía del cercenamiento de la libertad de expresión y del debate público de ideas, sino tanto por la vía del ocultamiento, el silencio liso y llano, como de la representación ideológica y tergiversada de las noticias y los discursos. Más aún: puede haber y hay auténticas políticas para alienar y destruir las conciencias. Son conocidas y han sido suficientemente denunciados desde el XIX, los efectos deletéreos del discurso religioso. En ese mismo orden hay que inscribir a "la publicidad y la propaganda" del capitalismo en general, y muy particularmente, a la industria cultural, la industria del tiempo libre, la industria del espectáculo, la industria del turismo, etc. Lo que hay que destacar en grado sumo, sin embargo, son las acciones del Estado que finge defender "el bien común" y "la vigencia de los derechos", y que por la vía de "los aparatos ideológicos del Estado" manipula las consciencias y los discursos. También lo perpetra no sólo por los medios de comunicación adictos, sino por auténticas "políticas de Estado", como la tinellización de la cultura, el Football para Todos, el alcoholismo y la drogadicción y sobre todo la persistente degradación de la Educación Pública (la patria de Sarmiento, la que supo desterrar el analfabetismo, desde el punto de vista educativo, se encuentra por detrás de Uruguay, Brasil, Chile, Colombia y México).

 

El cuarto poder, no menos que los otros tres, no menos que todos los discursos sociales y todos los procesos de semiosis, deben ser sometidos a la crítica de un público ilustrado capaz de analizar, reflexionar y criticar, i. e., de someter la semiosis y todos los discursos a la vigilancia epistemológica, ética y estética. No se trata sólo de tener autores competentes sino también de auténticos lectores; en una palabra: se trata del ideal de la Educación Pública de formar un público ilustrado no sólo capaz de ejercer el derecho de la libertad de expresión, sino también capaz del ejercicio de la crítica de la validez de los discursos y demás procesos de semiosis. Público ilustrado; no inertes espectadores y oyentes y aun una grey creyente y crédula, i. e., un rebaño; no una masa ignara de espectadores y oyentes sin espontaneidad ni autonomía ni autenticidad; no una masa amorfa, aduladora, domesticada, servil, obedientes de clientes venales; no una masa patriotera y deportista de futboleros y de hinchas… Si se trata de individuos privados y no de ciudadanos, si se trata de una masa amorfa y enajenada que va de la casa al trabajo y del trabajo a casa a mirar TV, estaremos lejos de que se valore el uso público de la Razón y la libertad de expresión. El Pueblo de "los argentinos y las argentinas" no ha sido sólo el protagonista del Cordobazo y del Argentinazo, sino también el que apoyó al Proceso, siguió a Menem y, ahora tinellizado, sigue a los KK.

 

NOTAS:

(1) La verdad y la justicia no son sólo una construcción social e histórica, sino una cuestión de validez. La verdad no es sólo lo que se "decide" creer o lo que le conviene al pueblo alemán, ni la Ley es simplemente la "voluntad" del Führer.
(2) Tathandlung y actos de habla.
(3) "Todos somos iguales, todos somos parientes, como hijos de Apolo." (Bayle)
(4) Scilicet, también las "imágenes".
(5) El capitalismo no puede existir sin el Estado; el Estado (status) pierde su ratio essendi al desaparecer el capitalismo.


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Publicado por Río Bravo el 05 de junio de 2011.

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