La resolución del conflicto con los policías de la provincia, que terminó llevando el salario inicial de los efectivos a más de $8.400, abrió la compuerta. Algunos sectores gremiales y de trabajadores autoconvocados, lo venían planteando hace rato: plata hay, la disputa es por abrirle la mano a un gobierno provincial que no tiene problema en no reclamarle al gobierno nacional los miles de millones de pesos que le adeuda en concepto de coparticipación incumplida, pero sí regatea peso por peso cuando se trata de pagar el salario de los trabajadores estatales y de invertir en salud y educación.
Llueve sobre mojado
El “acuerdo” firmado por Urribarri y las cúpulas sindicales de ATE, Upcn, Agmer, Amet, Sadop y UDA, y la CTA Entre Ríos, duró menos que un globo pinchado: sólo anunciaba un “adelanto” del medio aguinaldo (que en rigor los docentes lo terminan de cobrar el 24 de diciembre) y lo demás eran sólo promesas dilatorias. La paritaria salarial convocada para el 6 de enero se prestó hasta para el sarcasmo: “no nos pidan que creamos en los Reyes Magos”, sostuvieron desde la dirigencia de la agrupación Rojo y Negro de AGMER. El gobierno provincial buscaba patear la pelota para adelante, pasar este diciembre caliente y esperar que el enero de 2014 trajera un poco de pachorra a los convulsionados ánimos de los trabajadores del Estado.
Para colmo, el comunicado oficial firmado por los gremios, en el que llaman a profundizar el modelo y defender lo supuestamente conquistado, fue difundido desde correos oficiales de prensa de gobernación, lo que calentó más la temperatura de quienes se sintieron estafados por dirigentes sindicales más preocupados en “calmar las aguas” que en conseguir las reivindicaciones legítimas y urgentes de sus “representados”. Así, personajes de UPCN pidiendo una “cuota de tolerancia” a trabajadores que cobran sueldos de pobreza desde hace añares (mientras escuchan el discurso oficial respecto de cómo crece la recaudación, el superávit, y las arcas del Estado) o el propio Miguel Pelandino, secretario general de ATE, augurando “un futuro muy positivo” porque con el gobierno hay un diálogo abierto; parecen echar nafta al fuego cada vez que abren la boca.
Salarios insalubres
Trabajadores de los hospitales y centros de salud, de Paraná, Concordia y distintos puntos de la provincia, iniciaron un fuerte plan de lucha durante la semana. En Paraná, ayer y hoy se marchó a Casa de Gobierno, y en ambas oportunidades participaron además trabajadores del Copnaf y docentes de AGMER Seccional Paraná.
Para explicar por qué es que los trabajadores están saliendo masivamente, pese a las trabas, ninguneos y presiones por parte de la conducción provincial de ATE y UPCN (urrikirchneristas, en ambos casos), Esteban Olarán, delegado de ATE en el Hospital San Martín, principal de la capital entrerriana, aseguró: “Hoy tenemos la mayoría sueldos de 3.200 pesos, lo que es el escalafón general, y 4.000 pesos en enfermería”. Asimismo, sostuvo en diálogo con la radio F5 que “los dirigentes tendrían que estar con la gente movilizándose, exigiendo lo que corresponde, no sólo planteando una reforma tributaria que no se discutió en las bases de los trabajadores, sino planteando que no se necesitan nuevas leyes para tener los fondos que la provincia necesita sino que la Nación mande la coparticipación que tiene que mandar”.
Esta situación es la que crea un polvorín al cual se le debe sumar la demostración de que “plata hay” (evidenciada en la rápida autorización de la multiplicación del salario policial), el hartazgo que suele potenciarse con el cansancio y el clima de balance general que impone el fin de año, y la “tomada de pelo” de los dirigentes provinciales de los principales gremios hacia sus “representados”.
¿Asueto para frenar la lucha?
En este contexto, Urribarri sólo atinó a decretar el asueto administrativo desde el 16 al 31 de diciembre, por lo que sumado a la licencia anual ordinaria le permite suponer que durante un mes evitará tener a ciertos contingentes de trabajadores en la calle. Tal es la desesperación del gobierno por frenar un poco el maremoto, que incluyó en un principio a los docentes en la medida, pese a que durante la semana que viene en las escuelas se deben desarrollar mesas de exámenes y actos de colación.
Nada se descomprimió
Ni el anuncio burlón del “adelanto del aguinaldo”, ni el apurado asueto justificado en el “clima navideño” (sic.), permitieron que las tensiones amainen entre los trabajadores, hartos de esperar soluciones que constantemente se postergan. Las movilizaciones de estos últimos días, con quema de cubiertas, cortes de calle en distintos puntos de la ciudad (incluyendo en la ruta camino al Túnel Subfluvial, por parte de los trabajadores del Hospital Roballos), concentraciones frente a Casa de Gobierno (que fue pintada en sucesivas oportunidades); conforman un panorama que no parece estar pronto a descomprimirse.
La movilización de los trabajadores de los hospitales San Martín, San Roque y Domagk, de los centros de salud Corrales, Santa Lucía y Carrillo, entre otros, del servicio de emergencias médicas, de la Municipalidad de Paraná y del Copnaf, de AGMER Seccional Paraná y de la CTA local; parece que va a seguir alterando el panorama del centro de la ciudad y alrededores por un buen tiempo, mientras no haya respuesta a los reclamos.
Jueves 19, paro nacional
En este marco, para el martes 17 hay convocada una gran asamblea de trabajadores frente a Casa Gris y para el jueves 19 un paro nacional, definido por la CTA que conduce Pablo Micheli, en la que se enrola la CTA Paraná y la CTA Regional Entre Ríos. Este día, probablemente lleguen a Paraná trabajadores estatales y docentes de distintos puntos de la provincia.
De la unidad que se logre construir, dentro de los sindicatos y más allá de ellos, en multisectoriales, dependerá el resultado de esta pulseada. No es menor: es la que realmente definirá si la plata generada por el pueblo entrerriano sigue yendo para el pago de la deuda externa (ilegítima y no investigada por los gobiernos kirchneristas) o para dignificar el salario y la vida de los trabajadores y de las familias entrerrianas.
El cuco desestabilizador
Una vez más, el gobierno y sus acólitos salieron blandir el latiguillo de la desestabilización, la institucionalidad y el temor a un intento de golpe de Estado como estrategia de defensa ante la conflictividad social. Incluso en el caso de la huelga policial es irónico que sea este gobierno el que sostiene este discurso. Después de 10 años de fomentar las patotas parapoliciales, como las de la UOCRA reprimiendo a docentes en Santa Cruz; después de una década de complicidad con las mafias del narcotráfico y la trata de personas, que hoy controlan fronteras, provincias y barrios; después de profundizar como nunca antes la conversión de las “barras bravas” de fútbol en bandas de mercenarios al servicio del mejor postor; después de todo, desde el oficialismo se rasgan las vestiduras cuando a la primera de cambio, apenas sopla el viento en otra dirección, algunos jefes ayer aliados hoy les dan la espalda. Y se extrañan de que un trabajador y su familia no se conforme con su salario de pobreza. Y hablan de democracia, de paz social, de orden, como si todo eso fuese algo parecido a lo que en 10 años construyeron.
No hay ánimo “destituyente” entre quienes están reclamando dejar de tener salarios de pobreza, si por “destituyente” entendemos cambiar figuritas en las Casas de Gobierno. Lo que sí hay es una firme voluntad de no tolerar más lo que algunos gobernantes y pseudo “representantes” sindicales quisieron naturalizar. Un trabajador y su familia no pueden vivir en la pobreza en un país como la Argentina, con sus riquezas, con su potencial, con sus recursos. Llevan diez años gobernando, que se hagan cargo.
Publicado por Río Bravo el 13 de diciembre de 2013.

