Una década de ganancias
La década ganada representa para la presidenta un crecimiento patrimonial de un mil por ciento, según sus propias declaraciones juradas. Vaya si es una década ganada. Pero algo distinto ocurre con el común de la gente. Después de haber abandonado el cieno de la calle en que habíamos quedado tras diez años de paridad cambiaria y recesión, hubo un repunte de la economía que en efecto, le permitió a gran parte de la población avanzar en la concreción de proyectos materiales. Pero la debilidad de un modelo económico sustentado en la exportación de soja y la continuidad del modelo neoliberal de empresas privatizadas y pago de la deuda externa, ha reducido el proyecto revolucionario a los viajes de Fariña a los paraísos fiscales. La inmensa estructura económica que ha desarrollado el progresismo K en estos diez años es una cáscara vacía que depende cada vez más de los consumidores de soja. Vale decir, el día que China deje de comprarnos soja, el proyecto revolucionario habrá quedado en el saco desabrochado de Néstor Kirchner al asumir en el 2003 y en la birome bic de su firma. A su vez, el uso de las reservas monetarias del Banco Central para transformar la deuda externa en deuda interna, sumado a la emisión de pesos, empujó el dólar a los diez pesos y devaluó el salario de los trabajadores. En este sentido, la revolución Kirchnerista tiene más de parecido con la Revolución Libertadora que con la Revolución de Mayo.
La pelea con el grupo Clarín pareciera ser el mérito que más le interesa rescatar al gobierno. Este enemigo gigantesco, cómplice de la dictadura (y socios de Kirchner hasta el 2007) le ha permitido ubicarse en la izquierda de la política Argentina, al menos en el plano simbólico. Pero esto no explica ni los serios casos de corrupción, ni la desidia en la inundación de La Plata, ni en la masacre de Once, ni en la complicidad en la matanza de los Quom en Formosa, ni tantos otras represiones. Siempre en el plano simbólico. Cristina habla de reivindicar a los pueblos originarios pero no los recibe tras seis días de acampe, con frío, en la plaza de mayo. Dice que la protesta está politizada. Claro, los Quom no fueron para aplaudir el reemplazo de la estatua de Colón por la de Juana Azurduy, fueron a pedirle que intervenga en los destierros que está llevando adelante Gildo Isfrán, a través de la represión y el asesinato. Gildo Isfrán, uno de los tres gobernadores más apreciados por Cristina.
¿Hasta cuándo el relato?
En el escenario de lo virtual, Cristina es la abanderada de los humildes, es nac and pop, pero en el real, en el de todos los días, es la representante del grupo económico más grande de la Argentina, y hace lo necesario para que ese grupo crezca. Sobran los casos que dejan al desnudo la verdadera esencia del gobierno, pero en el plano simbólico, en la construcción del relato, todavía cautivan a una parte de los intelectuales. Y tener al grupo Clarín del otro lado, refuerza este plano. Intelectuales y artistas que honestamente creen en la transformación y que están dispuestos a defender el modelo que un día bajó el cuadro de Videla de la ESMA. Hoy me pregunto si no hubiera sido más válido presentar un habeas corpus en la dictadura para exigir por el paradero de un desaparecido que bajar cien cuadros de Videla. Si no hubiera sido más justo condenar el pago de la deuda externa de la dictadura que pagar con las necesidades de la gente, y gritar contra el FMI. La puesta en escena del Kirchnerismo ha consistido en contar una historia hecha a la medida del espectador pos argentinazo. Pero fuera del teatro está la realidad, está la inflación, la recesión, y está la corrupción. Las preguntas que se imponen son ¿hasta cuándo habrán de defender este modelo los que aún dudan? ¿Cuántos aborígenes más serán necesarios matar? ¿Cuánto más deberán soportar los trabajadores la crisis? ¿Cuántos pequeños productores más tendrán que dejar sus tierras? ¿Cuántos jubilados más tendrán que morir añorando el 82%?
El relato ha construido una falsa polarización. No es cierto que debemos elegir entre lo que dice el gobierno y lo que dice Clarín con sus candidatos. Ninguno representa aquello por lo que miles han recorrido las calles argentinas exigiendo justicia, salarios dignos, trabajo y salud, jubilaciones del 82%, etc. La única garantía es ponerle el cuerpo al discurso. Tampoco alcanza con votar y dar por cumplido con el deber cívico. Una vez más, la participación se impone para defender lo que hasta aquí se ha conseguido. Sobran ejemplos para explicar cómo nuestra historia se ha construido sobre la ley de la causa y el efecto. Cuando nos quedamos mirando cómo nos gobiernan, marchamos como condenados al patíbulo, pero cuando somos nosotros los que imponemos la causa, el efecto deviene en conquistas sociales. La peor mentira es la de creer que debemos elegir entre uno u otro, y eso, también es parte del relato.
Publicado por Río Bravo el 11 de junio de 2013.

