Sábado, 06 Mayo 2017 00:34

Una escuela que no olvida ni perdona

Escrito por Santiago Joaquín García

Santiago asistió a la Escuela Primaria N°5 Profesor Alejandro Posadas, que fuera durante el Terrorismo de Estado El Chalet. Allí “funcionaba” el genocida que se benefició con el fallo del 2x1 de la Corte Suprema de Justicia. Cuando conoció la noticia, pensó que era mentira. Pero no…

I

La mala noticia se propaga con mayor velocidad. Eso dicen. Sin embargo, esta teoría del sentido común, parece estar asociada a información vinculada a cuestiones familiares o de la vida privada. Si nos referimos a cuestiones políticas, vemos que no siempre es así. A veces cuesta visibilizar algo que afecta a millones de personas, simplemente, porque se pierde en la agenda del día a día. Pienso en la lucha casi solitaria de Alejandro Olmos cuando el negociado de la deuda externa se perfeccionaba gobierno tras gobierno. ¿Cuántas personas conocen a este patriota que luchó contra la mentira del endeudamiento y del desendeudamiento? ¿Cuántos habrán leído su indispensable libro La mayor estafa al pueblo argentino? Seguramente, menos de los que deberían. Tendría que estar en todas las escuelas y editarse millones de veces. Paradójicamente, la edición que tengo es una fotocopia que sacó mi viejo. 

II

Los que estamos inmersos en los medios, escribiendo noticas y sus derivaciones, solemos perder la capacidad de asombro, asco, miedo, la sensibilidad para enojarnos. No está mal, de vez en cuando, putear a la pantalla cuando nos trae el horror con su característica insensibilidad. La Corte declaró aplicable el 2x1 para delitos de lesa humanidad. Algo así decía el título, y primero casi que no quise creer. Pensé en algún editor con ganas de meter muchos clicks en su página. Como esos que publican cualquier basura sin chequear y después miles de lectores comparten confiando en la fuente. Si hasta los principales dirigentes políticos de nuestro país, que siempre hacen gala de su lucidez, cayeron en la trampa de difundir chatarra photoshopeada. Pero me puse a leer.

III

Después una amiga, de esas hermanas que me dio la lucha de tantos años por un mundo mejor, me escribe y me dice: “Leo que al tipo que beneficiaron con el 2x1 era del grupo de tareas del Posadas y no puedo dejar de pensar en tu viejo”. Y entonces me hirvió la sangre. Inmediatamente, volví a leer y después del asco volví a la infancia. Más precisamente, a la Escuela Primaria N°5 Profesor Alejandro Posadas. Nuestra escuela, la de los hijos de los empleados del Hospital. Donde nos enseñaron que el hijo del médico valía lo mismo que el hijo del ascensorista. Donde nos enseñaron que al igual que nuestros compañeros de la Villa Carlos Gardel, ningún pibe nace chorro. La escuela que fuera durante el Terrorismo de Estado El Chalet, un Centro Clandestino de Detención, y que apenas iniciada la democracia se convirtió en una escuela primaria. Nosotros teníamos siete años y sabíamos que allí habían torturado gente. Desde luego, no conocíamos los detalles. A veces fantaseábamos con puertas y ventanas que descubrirían secretos escondidos. Muchos de nosotros, pasamos los mejores años de nuestra vida en esos campos interminables, con doble escolaridad, con almuerzo, aprendiendo valores. No nos caímos en esa escuela pública. La eligieron y la erigieron nuestros padres, junto con los organismos de derechos humanos. Cualquiera que haya ido a esa escuela, seguramente, va a contar orgulloso que esa fue su escuela primaria. Algunos hasta tenemos un tatuaje en común que recuerda la hermandad que forjamos ahí.

IV

…y pensé en mis viejos. Porque aquella noche de mierda, aquella noche oscura que siempre fue un fantasma en mi familia, vuelve a ser una pesadilla con los beneficios a los asesinos. Salían del cine, como era habitual en una pareja de novios en los años setenta, y los chuparon. Gracias a la suerte, a la ruleta rusa de los genocidas, hoy estoy escribiendo estas líneas. Pero esos días dejaron huellas en esos cuerpos usurpados, en esas libertades cercenadas por el delito de pensar distinto. Por pensar. No es casualidad que en muchas de las cárceles de la dictadura se haya prohibido el ajedrez. El verdadero delito era pensar, a secas. En el diálogo memorable de la película Esperando la Carroza, Brandoni le dice a su hermano: “Por eso yo digo que lo mejor es no pensar”. Mis viejos cometieron el imperdonable delito de participar de un centro de estudiantes, de defender la salud pública, de organizarse para defender los derechos de los trabajadores. Quizás la inteligencia previa, la hizo Luis Muiña mientras mi viejo laburaba en toxicología del Posadas, y éste asesino se paseaba con su grupo de tareas sembrando el terror. Por aquellos años, se vivía la cruel paradoja de que los trabajadores de la salud salvaban vidas con miedo a perder la propia. Su destino estaba en manos de chacales como éste, al que la Corte Suprema de Justicia, gracias a dos jueces puestos por el macrismo y una jueza puesta por el kirchnerismo, le otorgaron el beneficio que los desaparecidos, los asesinados, los torturados, los violados, no tuvieron.

V

Esto no es casualidad. El gobierno nacional, con Mauricio Macri a la cabeza, hizo campaña hablando del curro de los Derechos Humanos. Han puesto en duda las cifras de la Conadep, han recortado el presupuesto, han fallado a favor de Cecilia Pando (porque no me van a decir que antes la Justicia era adicta al gobierno y ahora estos son tan zonzos que le curaron la adicción). Quisieron hacer pelota el Día de la Memoria la Verdad y la Justicia. Le piden perdón al Rey de España, se arrastran ante Trump por una bolsa de limones, y si no se les moría Margaret Tatcher le pedían una selfie. Claro que no son los únicos, pero son los que gobiernan ahora. En estas mismas páginas, escribimos que el kirchnerismo tenía doble discurso en materia de Derechos Humanos. Que dilataron las causas para en cuentagotas utilizarlas políticamente. La unificación de dichas causas que tantas veces pedimos durante el kirchnerismo hubiera impedido muchas de las barbaridades que se vienen ahora. La protección de testigos hubiera evitado la desaparición de Jorge Julio López. Pusieron a un represor como Milani (del Batallón 601 de Inteligencia) al frente del Ejército. Espiaron a los militantes y reprimieron junto con Macri en el Indoamericano. También alertamos a los organismos de derechos humanos adictos a la caja del gobierno anterior, a los que usaron la lucha para enriquecerse, que su revancha personal nos iba a costar caro en materia de prestigio. Lamentablemente, muchas organizaciones se desprestigiaron durante el kirchnerismo, participando del festival de la corrupción que lo diga Clarín o lo diga Página 12 no se puede negar. Lo más grave no es que hayan manchado su nombre, lo más grave es que mancharon una lucha mucho más grande que ellos y ahora la vamos a tener que remontar. Todo eso es cierto, pero hoy gobierna Mauricio Macri. Gobierna Cambiemos. ¿A quién le van a echar la culpa por esta política de Derechos Humanos que están llevando adelante? Acá no hay pesada herencia muchachos. Ustedes quieren mano dura para los ladrones de gallinas y mano blanda para los genocidas.

VI

Voy a una escuela secundaria a trabajar y me doy cuenta, no sin nostalgia, de que ya no soy ese pibe que corría por el Posadas. Ese enjambre de rulos que soñaba con ser un futbolista completo como el paraguayo Roberto Cabañas. Ya soy grande. Y ahora hay muchos chicos que se acercan a la política, como hicimos nosotros sin querer en la primaria y queriendo en la secundaria. Los jóvenes se siguen acercando con ganas de cambiar el mundo porque tienen esa energía, y ojalá que nunca la pierdan. Todavía existimos algunos adultos que conservamos los mismos sueños y los mismos valores que teníamos cuando éramos jóvenes. Mis viejos me enseñaron eso. A que no me conforme con el menos malo porque algunos no tienen ese derecho a elegir. Y esos pibes que se acercan desde miles de lugares: desde la izquierda, el peronismo, el radicalismo, en general, tienen muchas ganas de que las cosas se hagan bien. Así lo viví en el abrazo a Micaela. Y en ellos confío para sacar esto adelante. Por supuesto, también están los que nunca bajaron las banderas. Gente como Nora Cortiñas que fue la coherencia personificada durante el kirchnerismo y criticó desde el día uno al macrismo. Hay banderas que tienen que ir arriba de todo y ser de todos colores. Es muy fácil destruir, hacerse el distinto y jugar a romper todo para que ganen los mismos de siempre. Lo difícil siempre es unir. La lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, en serio y con mayúsculas, requiere de mucha grandeza y mucha tenacidad. No pasarán, nunca más… 

Publicado por Río Bravo el 6 de mayo de 2017.

Modificado por última vez en Sábado, 06 Mayo 2017 21:19

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