Viernes, 06 Mayo 2011 01:27

Una mirada sobre Esteban Echeverría y El Matadero

Escrito por Santiago Joaquín García

Muchas escuelas llevan su nombre, y los estudiantes pasan indefectiblemente por su famoso cuento. Río Bravo analiza brevemente, algunos aspectos salientes de la obra fundamental de Echeverría, un personaje central de nuestra historia.

En los últimos años se ha desarrollado un nuevo auge de interés por la historia argentina. Los festejos por el Bicentenario, nos mostraron a los argentinos eligiendo a San Martín como el prócer preferido, y destacando a Sarmiento entre los más resistidos. Sin embargo, personajes como Echeverría muchas veces quedan fuera de la consideración crítica, por no ser de los más conocidos. Aún así, su nombre está estampado en muchas escuelas, bibliotecas, plazas y espacios públicos, por lo que nos parece oportuno ponerlo en cuestión.

Escritores y políticos / Políticos y escritores 

Como bien señaló David Viñas, los intelectuales pertenecientes a la generación de 1837 (aparte de Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Vicente López y Juan María Gutiérrez, entre otros) tenían una participación muy activa en la política nacional, y están muy lejos de algunos ejemplos actuales, que no salen de la biblioteca más que para ir a dormir. Su pensamiento se inscribe dentro del romanticismo, y políticamente se opusieron fervientemente a Rosas, lo que los llevó a ser perseguidos por la Mazorca. Su mirada estaba tan puesta en Europa, que todo lo criollo y lo vinculado a los pueblos originarios, les parecía sinónimo de atraso, lo que los define, como pensadores anti populares, aunque con ciertos matices importantes.

Algunos datos biográficos de interés

Después de quedarse huérfano a temprana edad, Esteban Echeverría logró estudiar, abrirse paso con tenacidad ejemplar, y completar su formación en Europa. Durante cinco años estudió ciencias, dibujo, y economía política y derecho en La Sorbona. Allí mismo se interesó por las tendencias literarias de la época, que trajo consigo a su regreso a Buenos Aires. Publicó sus primeros versos breves en el periódico La Gaceta Mercantil, y su folleto “Elvira o La novia del Plata” (1832) es considerada la primera obra romántica en lengua castellana. Participó activamente en el Salón literario que funcionaba en la trastienda de la librería de don Marcos Sastre, y tras la clausura ordenada por Rosas, fundó y presidió la "Asociación de la Joven Generación Argentina", luego "Asociación de Mayo". Fue en esta asociación donde expuso su ideal de recuperar el espíritu de la Revolución de Mayo, aunque es preciso avanzar en su obra para entender cuáles eran los principios revolucionarios que pretendía reivindicar.

El Matadero

Quizás la obra más conocida de Esteban Echeverría, El Matadero es considerado por algunos estudiosos como el primer cuento realista del Río de la Plata. Aparentemente, el texto es escrito entre 1838 y 1840, mientras residía en la estancia "Los Talas", cerca de Luján, Provincia de Buenos Aires. Recién se publicará en la Revista del Río de la Plata en forma póstuma, en el año 1871, y más tarde Juan María Gutiérrez lo incorporará a su edición de las Obras completas de Echeverría. Vayamos a algunas citas textuales para comprender su magnitud…

Su valor creativo

Las descripciones tienen un gran mérito por su calidad, pero sobretodo por su carácter local. “Sucedió pues, en aquel tiempo, una lluvia muy copiosa. Los caminos se anegaron; los pantanos se pusieron a nado, y las calles de entrada y salida a la ciudad, rebosaban de acuoso barro. Una tremenda avenida se precipitó de repente por el riachuelo de Barracas, y extendió majestuosamente sus turbias aguas hasta el pie de las Barrancas del Alto. El Plata, creciendo embravecido, empujó esas aguas que venían buscando su cauce, y las hizo correr hinchadas por sobre campos, terraplenes, arboledas, caseríos, y extenderse como un lago inmenso por todas las bajas tierras”. Llama especialmente la atención la descripción de lugares que hoy son parte de la gran jungla de cemento, y en aquel entonces eran zonas semi-urbanas sino rurales. 

Las críticas a la religión, el humor y el sarcasmo

El rasgo más revolucionario de los románticos de la época, es la crítica a la Religión, producto del aprecio que tenían por la razón y por la democracia liberal. Es por eso que refiriéndose al ayuno de la cuaresma, Echeverría critica “que la Iglesia tenga la llave de los estómagos”, y se preocupa porque “quizá llegue el día en que sea prohibido respirar aire libre, pasearse, y hasta conversar con un amigo, sin permiso de autoridad competente”. Además de las críticas políticas, el autor deja un lugar para el humor, al referirse al “estado de flatulencia intestinal de los habitantes, producido por el pescado y los porotos y otros alimentos algo indigestos”, consumidos ante la falta de carne. En algunos casos, el chiste se vuelve sarcástico, como cuando les habla a “algunos lectores (que) no sabrán que la heroína es la difunta esposa del Restaurador, patrona muy querida de los carniceros, quienes ya muerta, la veneraban por sus virtudes cristianas y su federal heroísmo en la Revolución contra Balcarce”. Se empiezan a mostrar las garras, que pronto comenzarán a hacer daño.

El desprecio por el pueblo

Sin miedo a confundirnos, lo más despreciable que tiene el texto es la forma en la que se refiere a los sectores populares que le brindaban su apoyo al Brigadier Rosas. “Multitud de negras rebusconas de achuras, como los caranchos de presa, se desbandaron por la ciudad como otras tantas arpías prontas a devorar cuanto hallaran comible”, nos dice Echeverría. Y sobre una carneada, y la gente reunida en torno, nos dice que el “espectáculo que ofrecía entonces era animado y pintoresco, aunque reunía todo lo horriblemente feo, inmundo y deforme de una pequeña clase proletaria peculiar del Río de la Plata”. Por si quedan dudas, destaca que: “en torno de cada res resaltaba un grupo de figuras humanas de tez y raza distinta”, y “una comparsa de muchachos, de negras y mulatas achuradoras, cuya fealdad trasuntaba las arpías de la fábula”. En todo momento, se presenta la pelea por la carne como un espectáculo grotesco de salvajes, indignos, despreocupado por la supervivencia de ese pueblo tan castigado.

Unitario = hombre “civilizado”

En contraste con lo que se dice de gauchos y mulatos, en el cuento se describe a “un joven como de veinticinco años, de gallarda y bien apuesta persona”, que lógicamente, es unitario. Mientras lo preparaban para los salvajes tormentos, Echeverría nos cuenta que “su cuello desnudo y la pechera de su camisa dejaban entrever el latido violento de sus arterias y la respiración anhelante de sus pulmones”. Todo lo humano se presenta, para contrarrestar el salvajismo popular. La siguiente conversación, nos muestra nuevamente la dicotomía civilización-barbarie (tan cara a nuestra historia), y la libertad de pensamiento encarnada por este personaje: 

-¿Por qué no traes divisa?
-Porque no quiero.
-¿No sabes que lo manda el Restaurador?
-La librea es para vosotros, esclavos, no para los hombres libres.
-A los libres se les hace llevar a la fuerza.
Sí, la fuerza y la violencia bestial. Ésas son vuestras armas, infames. ¡El lobo, el tigre, la pantera, también son fuertes como vosotros! Deberíais andar como ellos en cuatro patas
”. 

Una arenga política y sus consecuencias

El desenlace del cuento es casi panfletario, porque el autor nos dice que “llamaban ellos salvaje unitario, conforme a la jerga inventada por el Restaurador, patrón de la cofradía, a todo el que no era degollador, carnicero, salvaje, ni ladrón; a todo hombre decente y de corazón bien puesto, a todo patriota ilustrado amigo de las luces y de la libertad; y por el suceso anterior puede verse a las claras que el foco de la Federación estaba en el matadero”. Hasta ahí, algunos pasajes para destacar, y un anticipo de lo que menos de diez años después sería el Facundo de Sarmiento, y posteriormente, la materialización de todo esto en la Conquista del “Desierto” de Roca. Con sus variantes y atajos, la pelea entre por un lado los bárbaros y, por el otro, los civilizados que hablan bien el francés y no se llenan la boca de grasa cuando comen. Más allá de las ironías, es importante repensar estos textos, porque dan respuesta a los que se preguntan cómo hizo Rosas para gobernar durante tanto tiempo. Pero sobre todas las cosas, porque aún hay sectores en la oposición más rancia, y entre los señores feudales kirchneristas, que nos quieren hacer creer que un toba es un ignorante al que se le pueden seguir vendiendo espejitos de colores en el medio de la Avenida 9 de julio.

Publicado por Río Bravo el 05 de mayo de 2011.