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Viernes, 19 Agosto 2011 01:22

Agua y Madera en un recital de Hernán Robles

Escrito por Claudio Puntel

Hernán Robles, cantautor e intérprete riojano, se presentará el viernes 19 a las 21,30 en el Centro Cultural J. L. Ortiz de Paraná para mostrarnos De acequia y flor, su nuevo CD. El artista ofrece un repertorio que incluye música folklórica argentina, trova, canciones, candombe y música popular latinoamericana. También participarán los locales Fernanda Roselli (voz) y Mario Soto (guitarra).

Hernán cuenta que hace poco se reencontró con un viejo video que lo muestra a los 3 años cantando Lunita Tucumana, acompañado en la guitarra por su padre en su Chilecito natal. Está claro, si a los 3 años ya cantás una de Yupanqui, sabés que “te espera una tremenda responsabilidad” porque la tierra te ha elegido (Yupanqui, Destino del Canto). Desde entonces, Hernán viene de la mano de la música, “recorriendo escenarios de la provincia de La Rioja, de niño y de adolescente”. Muy temprano arrancó con su formación académica: “A los 10 años comencé a estudiar guitarra. Luego, en la secundaria ingresé a una escuela de arte, el Centro Polivalente de Arte de Chilecito, donde me recibí de bachiller y maestro nacional de guitarra”.

Soy de agua y de madera”, bromea Hernán cuando cuenta que sus padres se llaman “Miguel Ángel Robles y Silvia Ríos”. Y asegura que ambos elementos “combinan a la perfección”. Miguel, que trabaja en una de las bodegas más grandes de La Rioja, “soñaba con tener un hijo que aprenda música de manera más académica, porque él aprendió de oído, por afición; ya que mi abuelo, su padre, tocaba el piano”. Hernán explica que viene de “una gran familia de artistas” y detalla: “mis tíos, también tocaban la guitarra. Y mis primos y primas hacen alguna actividad artística, bailarines, poetas y músicos. Mi hermana hace teatro”. Silvia, que “trabaja por los derechos de la mujeres en el Consejo de la Mujer” de Chilecito, “siempre nos impulsó a mis hermanas y a mí a que desarrollemos alguna actividad artística, como parte fundamental de la vida, entonces eso también fue una motivación”.

Algo de agua y de madera hay en la música de Hernán Robles. Quizás estos elementos estén presentes en ese fluir de una melodía con meandros y circunvoluciones; o en la poesía de las letras, que se hace rama para nidos. Hasta en De acequia y flor, el nombre del CD que se presentará mañana, se vislumbran la madera y el agua.

Influencias

Hernán confiesa que cada tanto le gusta regresar a “cantar canciones que hacía cuando era niño”; por eso, “si bien ahora hago canciones mías, en alguna ocasión también canto Luna Tucumana”. Luego del clásico de Yupanqui aparecieron otras músicas que formaron parte de su vida cotidiana y se alojaron como influencias. Nuevamente se ve la mano de Miguel, quien “es un apasionado de los grupos vocales. Hubo una época gloriosa en nuestro país con la música vocal, y él tiene muchísimos discos de esos grupos que nosotros escuchábamos todo el tiempo, en los asados de los domingos, en el auto en los viajes, y en casa. Yo me crié con toda esa música, es mi primera influencia.”. 

Luego, apareció el rock; “a  los 11 o 12 años, cuando todavía estaba en la primaria me llamaban mucho la atención Virus, Soda Stereo y Rata Blanca. Luego, hubo un quiebre grande en lo que escuchaba y se dio con Spinetta, que es otra gran (dice graaan) influencia en mi vida y en mi música, esto se dio a partir de los 15”. Cuenta que tiene tal respeto por Spinetta, que durante mucho tiempo no se animaba a cantar ninguna canción de él; “el único que hacía en la secundaria era Barro Tal vez, porque es una zamba y me resultaba muy familiar”.  En esta zamba, que el flaco compuso en 1965, vuelven a confluir el agua y el cuerpo vegetal, “me identifico con la madera, y la letra dice ‘esta es la corteza donde el hacha golpeará, donde el río secará para callar’. Además, el primer verso, ‘Si no canto lo que siento me voy a morir por dentro’, es muy profundo para mí, algo fuera de serie”, califica. Actualmente, canta una canción del flaco que se llama Penumbra.

Desde Chilecito

Era inevitable preguntarle por la identidad riojana en su música. “Creo que los artistas somos parte del paisaje de dónde venimos”, responde primero y continúa “haciendo referencia a lo que hablábamos de mis primeras influencias, en La Rioja hay una particularidad musical, y es la cantidad de grupos vocales que hay, y la calidad que a ello se le brinda. En La Rioja, lo vocal es muy importante, hay muy buenos cantores, se estudia mucho el canto, se le da mucha importancia a la poesía. Digamos que hay un respeto enorme por el folclore, las cosas se hacen bien o no se hacen”.

Además, Hernán encuentra referentes en varios excelentes músicos de su generación, es el caso, por ejemplo de “Ramiro González, que es unos de los grandes compositores jóvenes de La Rioja. También está Juan Arabel, en este segundo disco yo grabé un tema suyo que se llama Vidala del recuerdo. Somos amigos y compañeros de ruta, pero en ese sentido no soy muy localista, considero compañeros de ruta a un montón de amigos compositores de todo el país”.

Un poco ignorados y otro poco ocultados por los monopolios discográficos, existe una pléyade de jóvenes artistas argentinos que dan que hablar con sus creaciones. Hernán menciona al santafesino  “Guillermo Ibáñez, que no sólo es un íntimo amigo mío, sino a mi criterio uno de los mejores cantantes del país. Es compositor también. Me gusta mucho también Daniel Mormandi, que hace composiciones de Reggae, candombe, funk, ¡con una onda tremenda! Él es porteño. Son grandes y desconocidos”, remata.

Arte y docencia

Hernán relata que al terminar el secundario, “me fui a estudiar a Córdoba. Hice tres años de Comunicación Social, dejé esa carrera y comencé el Profesorado de Artes en Música, y me recibí en el 2008. Ahora soy profesor del polivalente, donde estudié en la secundaria y también de la Escuela Normal de Chilecito”. Sobre las coincidencias entre sus carreras como educador y como músico, opina: “Creo que mi función como docente y como artista van hacia el mismo lado: despertar la sensibilidad en la persona. Hay mucha gente que no es consciente de lo necesario que es bailar, cantar, pintar, actuar, etc. creo que mi misión es renovar ese deseo y respetarlo”. Dice que el efecto de esto en sus alumnos “es tremendo”, porque “no hay muchas personas que lo hagan. Entonces, eso me favorece mucho. Me acerca muchísimo a los alumnos, ellos creen en lo que yo les digo y lo reivindican. Eso es un gran premio para mí. A ellos les gusta que no les prohíban, que no los inhiban”.

De alguna forma, con esta convicción docente, él devuelve lo que recibió de “el fundador de la escuela de arte de Chilecito donde me recibí. Fundó la institución con los mismos ideales que yo persigo, y con un compromiso impresionante, y posibilitó en alguna media que yo fuera lo que soy. ¿Sabés qué es lo más increíble de todo? Que no nos conocimos: cuando él falleció yo tenía 12 años y recién ingresaba a la escuela. De mis maestros en la vida, la mayoría estuvo fuera de las escuelas”.
En Penumbra, la canción de Spinetta que Hernán mencionó, la poesía juega con dos versos cuyos mensajes suenan contradictorios: uno que dice "voy a ver si puedo despertar" y luego, "voy a ver si puedo olvidar". Hernán Robles considera que el primero de ellos es el que “más se acerca a la tarea del artista”. Este viernes a las 21,30, junto a Mario Soto, un guitarrista que hay que escuchar y a la bellísima voz de Fernanda Roselli, Hernán Robles nos mostrará cómo puede despertarnos con estas canciones hechas de acequia y flor.

Publicado por Río Bravo el 18 de agosto de 2011.