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Historia de Antonio Mamerto Gil Núñez

por  Claudio Puntel Miércoles, 12 de Enero de 2011 07:25
Un chamamé al gaucho Antonio Gil. Un chamamé al gaucho Antonio Gil.
Por Claudio Puntel - Ahora no tanto, pero antes que se extendiera su leyenda, causaba impresión encontrarse con las caravanas de gauchos promesantes con tacuaras y banderas rojas flameantes, manifestaciones del culto al gaucho Antonio Gil. Esta es la historia de un hombre que - más que por los milagros que se le atribuyen - es venerado por su vida desgraciada, su sentido de la justicia, su rebeldía y su muerte injusta en plena juventud. Â 

 

Soldado correntino, seguías el camino de San Martín.
Gente de Madariaga, de vincha y daga, cabeza paga por resistir”.
(Julián Zini- Antonio Gil)


Como Cruz, decidió no ser verdugo de sus hermanos. Como Artigas, llevaba bajo el sombrero una cabeza a la que el poder del estado había puesto precio. Como Manuel Dorrego, fue asesinado porque las clases dominantes temían a lo que el pueblo amaba y respetaba. Como Aparicio Altamirano y Olegario Álvarez, distribuyó entre los oprimidos el producto de sus hazañas. Como el ejecutor del Che, el hombre que lo degolló necesitó aturdirse con el alcohol para poder cumplir con la orden de ejecución. Antonio Mamerto Gil Núñez, nacido en agosto de 1847 en el Paiubre (zona de Mercedes, Corrientes) se convirtió en mito porque en su vida breve padeció los mismos sinsabores e injusticias que la mayoría de los gauchos de su época.


“de alegría no aguanté
y le quité la dama al comesario…”
(Mario Millán Medina - Mi ponchillo colorado)


Fue hijo de una familia pobre del campesinado rural. Su padre, José Gil de la Cuadra fue peón de campo y a él le tocó heredar el mismo oficio. En eso andaba cuando conoció a una hija de estancieros ricos, Estrella Díaz, que también era pretendida por el comisario del pueblo. Como suele suceder, el hombre que vestía uniforme y ostentaba el monopolio del trabuco tomó a la competencia como una afrenta y a Antonio Gil le tocó marcharse del pago.


Habrá errado por las estancias buscando algún conchabo, alguna tarea que le permitiera llevar algo al estómago. Más de una vez habrá debido huir a las disparadas y esconderse en los pajonales de los esteros, al olfatear la cercanía de la autoridad.


En 1865, aquel escarnio de la Triple Alianza invadió el Paraguay de Francisco Solano López. Las milicias argentinas reclutaban en Corrientes, Misiones y Entre Ríos a todos los varones mayores de 16 años; entre ellos estuvo Antonio Mamerto Gil.


“Sobre el horizonte gris
de muerte en el Paraguay
al fin terminó el horror
y crece un cielo de paz”.
(Marily Morales Segovia - La vida y la libertad)


Al terminar la Guerra Contra el Paraguay, Antonio Gil no tenía más de 23 años. Seguramente pensó que al regresar, blanqueado por su accionar en batalla cerca del coronel Velázquez y de Juan de Madariaga, encontraría en el Paiubre el “cielo de paz” que necesitaba y le diera resuello. Pero en diciembre de 1870 los liberales y los conservacionistas correntinos se enferntaron en las batallas de Cañada de Tabaco y de Ifrán, allí también corrió mucha sangre.

 

El coronel Zalazar, ex combatiente del ejército mitrista en la Triple Alianza inició una leva de hombres para servir en las fuerzas liberales (celestes), bajo la pena de ejecución por degüello en caso de insubordinación. Antonio Gil, que era un fiel “colorado”, se rebeló ante el reclutamiento y se fugó junto con el mestizo Ramiro Pardo y Francisco Gonçalvez. Él fue detenido mientras que sus compañeros, con el tiempo ganaron fama como abigeos.

 

“Muy feo había sido chamigo
zapatearle a la autoridad
y más hacerle flamear
una manta de otra color”.
(Millan Medina - Mi ponchillo colorado)

 

La orden de detención exigía que fuera llevado a Goya para ser juzagdo y condenado. El Coronel Velázquez se presentó ante Zalazar pidiendo clemencia por quien fuera su soldado en el Paraguay. Zalazar accedió exigiendo como condición la presentación de un petitorio firmado por 20 “notables”. Aparentemente, fueron conseguidas las 20 firmas. De todos modos, el 8 de enero de 1.868, a pocos kilómetros de Mercedes, fue amarrado cabeza abajo en la horqueta de un algarrobo y un sargento alcoholizado procedió a su deguello. Es posible que la partida haya recibido la orden de clemencia, pero decidieron aplicar la “ley de fuga” tan común en aquella época (y hoy).

 

El gaucho Antonio Gil no aceptó ser un tránsfuga. Prefirió la pena de muerte antes que servir a la oligarquía liberal de su época. Rechazó derramar sangre de sus hermanos del pueblo.

 

“Su gloriosa cruzada fue

fierro punta ité,

lanza guaraní”.

(Porfirio Zappa - Fierro Punta)

 

Otros responderán por la existencia o no de los milagros que se le atribuyen. En las privaciones de la gente, en las injusticias, en la falta de respuestas por parte del estado ante las necesidades hay suficientes razones que movilizan las peticiones en su santuario. “El pueblo muy bien lo sabe, pero se aferra al milagro” y esto, seguramente seguirá siendo así mientras, como dicen Teresa Parodi y Peteco Carabajal, “quien debe responder esté mirando para otro lado”. En el caso de Antonio Gil, lo destacable es que cientos de miles de personas depositan su esperanza no en un santo que les habla de vidas extraterrenas e improbables espiritualidades, sino en un gaucho alzado que pagó con sangre la fidelidad a su clase.

 

Publicado por Río Bravo, el 12 de enero de 2011.   

Ultima modificacion el Miércoles, 12 de Enero de 2011 11:40

Comentarios   

 
-1 #3 Jose 11-01-2012 17:36
debe haber un error en el año en que fue asesinado.....
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+2 #2 teresitamarilo 13-04-2011 00:42
muy linda la historia :P
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+1 #1 bhetto 12-01-2011 11:48
Muy bueno...
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