Martes, 23 Noviembre 2010 17:57

Los genocidas buenos

Escrito por Ignacio González Lowy

Por Ignacio González Lowy - El caso de Carlos Pedro Blaquier, socio de la última dictadura y cómplice de crímenes aberrantes cometidos en la provincia de Jujuy, y hoy declarado “cristinista”, desnuda la más oculta matriz del doble discurso del gobierno K sobre los derechos humanos.

A esta altura es una obviedad, pero por las dudas insistimos: el terrorismo de Estado durante la última dictadura en Argentina no fue un capricho de tres, 200 o mil militares con sed de sangre. El secuestro, la tortura y la eliminación sistemática, planificada y orquestada de miles de trabajadores y estudiantes, ni siquiera fue (solamente) parte de una disputa ideológica, política y cultural. No. Los militares, funcionarios judiciales, economistas y técnicos de las más diversas áreas del Estado, que pusieron sus saberes y fuerza al servicio de la muerte entre 1976 y 1983, lo hicieron principalmente por otros motivos. Buscaban aniquilar la posibilidad de que un país económica y socialmente más justo se consolidara, y asegurar el enriquecimiento descontrolado del sector más concentrado de un empresariado vinculado a distintos intereses imperialistas (de esos que hoy algunos llaman “multinacionales”).

 

Carlos Pedro Blaquier, presidente de la firma Ledesma S.A., es un ejemplo casi sin parangón de esos empresarios que crecieron en sus multimillonarias ganancias manchándose las manos con la sangre de quienes osaron denunciar las condiciones criminales en que amasaban sus fortunas. La contaminación, la explotación laboral, la denigración de los trabajadores, la prepotencia contra cualquiera que intentara ponerles límites; marcaron el trayecto de los Blaquier en su consolidación como la familia más poderosa de la provincia de Jujuy.

Hoy, Carlos Pedro defiende al gobierno de CFK, que supuestamente tiene como principal bandera la persecución y el castigo de los responsables del terrorismo de Estado durante el último gobierno de facto en Argentina.

Carlos Pedro Blaquier

El ingenio azucarero Ledesma fue fundado hace más de 100 años en Libertador Gral. San Martín (Jujuy). Carlos Pedro Blaquier, el actual presidente del directorio de la sociedad anónima, ingresó a la empresa en 1952 y accedió a dicho cargo en 1970. Ledesma creció a pasos agigantados bajo su dirección, llegando a producir unas 400.000 toneladas de azúcar por año (alrededor del 25% de la producción nacional) y a ser propietaria de aproximadamente 40.000 hectáreas y una red de caminos propios de 700 kilómetros en la provincia de Jujuy. Posee además casi 25.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires y declara un campo en nuestra provincia, en Gualeguaychú, de 27.000 has. Su producción con el tiempo se fue diversificando, y abarca hoy el azúcar, la celulosa, el papel obra (120.000 toneladas por año), su propio gas y electricidad, empleando en la actualidad 6.000 obreros (llegaron a ser 15.000 en los ‘70s).

Por su parte, Carlos Pedro Blaquier pasa muchos de sus días en su mansión de 17.000 metros cuadrados en la zona más exclusiva de San Isidro, en la que el mármol y las costosas obras de arte deslumbran hasta a visitantes como Eduardo Duhalde, Gerardo Morales, Julio Cobos, Gerardo Werthein, Héctor Méndez y el rabino Sergio Bergman. Soberbio y ostentador, suele desembarcar en Punta del Este con sus siete lujosos yates, valuados en un total de 50 millones de pesos, y una tripulación de 23 marineros a su servicio.

 

Fiel a la ideología de que lo primero y lo único son los negocios, así como fue un propagandista de la dictadura mientras ésta duró, pagando notas en la prensa norteamericana para defender el modelo económico que en Argentina implementaba su amigo Alfredo Martínez de Hoz; hoy aplaude al gobierno de CFK porque “reconoce las realidades”: efectivamente, es real que su empresa cierra este año con ganancias millonarias que casi duplican las del año pasado. Imperturbable, a las denuncias por contaminación, por explotación laboral y por su complicidad con la dictadura, responde diciendo que “en este país, a todo el que tiene guita lo ataca la zurda”. En esa misma nota en el diario La Nación (25/7/10), elogiosa y complaciente, el empresario asegura que Perón fue un fascista y que “pocos gobiernos como el actual han defendido tanto a la industria nacional”. Eso sí, tiene críticas hacia Néstor y Cristina, ya que “es como el matrimonio, donde siempre hay cosas que molestan”.

 

Carlos Pedro Blaquier, con sus 19 libros publicados, su pertenencia a varias academias nacionales y sociedades de intelectuales conservadores, es uno de los “niños mimados” de la inteligencia de derecha del país. Ya en 2004, en otra de las entrevistas en las que el diario La Nación ni le menciona la palabra “dictadura”, el refinado oligarca declaró: “el problema de los países en vías de desarrollo es que la mayoría de sus votantes son subdesarrollados”. De todos modos, el mandamás del norte no dejará por ello de reconocerle a un gobierno “setentista” los servicios prestados, como cuando en 2006 impulsó la Ley de Promoción de Biocombustibles, que le permite a Ledesma invertir en el negocio de la mezcla de alcohol de caña con gasoil, con total exención de impuestos por 10 años.

 

Luis y Olga Aredes

 

Olga, odontóloga y casada con el médico Luis Aredes, llegó a Libertador Gral. San Martín en los años ‘60s acompañando a su marido. El pueblo al que llegaron batía récords con su tasa de mortalidad infantil, y el pediatra Aredes se inició como médico del ingenio hasta que lo despidieron por utilizar “recursos excesivos” en la atención de los obreros y sus hijos, que padecían enfermedades directamente vinculadas con la producción, el trabajo y la vida cercana a los campos de la empresa.

 

Además, Aredes había ya denunciado los efectos nocivos, destructivos para la salud de los trabajadores y de sus familias, y de la población en general, que provocaba el bagazo. Este polvo, residuo de la caña de azúcar, utilizado para la fabricación de papel por su alto contenido de celulosa, genera problemas respiratorios y pulmonares, entre otros, que llevaban a la incapacidad y a la muerte a cada vez más vecinos de la localidad, expuestos al mismo cada vez que los vientos lo arrastraban desde el ingenio en su dirección.

 

Luego de trabajar por un tiempo como director del hospital de Tilcara, Aredes decidió volver al pueblo “de” Ledesma para atender a los trabajadores del ingenio por fuera de la estructura de la empresa. Fueron ellos, los obreros y sus organizaciones, quienes le pidieron a este médico (simpatizante de la UCR) que fuera candidato a intendente de la localidad jujeña. Lo fue y ganó las elecciones. Durante su mandato se le ocurrió la insólita medida de exigirle a la empresa Ledesma que pagara, por primera vez en su extensa y “respetable” historia, los impuestos municipales.

 

Blaquier dictaminó que ya era demasiado. Según el testimonio de Olga Aredes ante la CONADEP, el mismísimo 24 de marzo de 1976 (para qué esperar) su hijo Ricardo “vio desde su ventana del dormitorio, cómo su padre era cargado por una acción conjunta de la policía de la provincia y la gendarmería nacional, la cual (…) está establecida desde hace varias decenas de años dentro del territorio de la empresa privada conocida como Ingenio Ledesma. Mi marido fue cargado en la parte trasera de una camioneta con el logotipo de la Empresa Ledesma impreso en las puertas de dicho vehículo. La camioneta era conducida por un empleado de la propia empresa.”

 

Luis, el médico del pueblo, el intendente, estuvo desaparecido un mes y detenido casi un año. Luego fue dejado en libertad, pero tras volver a atender a algunos pacientes en el hospital de la localidad de Fraile Pintado, en mayo de 1977 fue secuestrado y desaparecido, esta vez definitivamente. 

 

Los apagones

 

Antes, ya la empresa había comenzado (desde el 20 de julio de 1976) a prestar su logística, sus mercenarios, sus locaciones y móviles, y sobre todo su “inteligencia” e información, para la realización de los “apagones”: entre las 22 y las 6 del día siguiente se cortaba el suministro de energía eléctrica y en ese lapso decenas de trabajadores, estudiantes, amas de casa, sindicalistas y profesionales, eran secuestrados para ser torturados. Más de 400 pasaron por ese suplicio, más de 30 siguen desaparecidos. Entre los lugares de detención y castigo, estaba la sede del escuadrón 20 de Gendarmería Nacional, ubicado dentro del predio de la empresa Ledesma.

 

Confirmando lo que sostuvimos al comenzar esta nota, acerca de los verdaderos objetivos de la dictadura, la empresa sacó prontamente rédito de la represión que ayudó a organizar: durante y después del “proceso”, habiendo desarticulado el gremio (y hasta demolido su sede), Ledesma logró terminar con las 6 horas por insalubridad y el descanso dominical, y avanzó con la polifunción, los turnos rotativos y el trabajo a destajo con el que somete a los cosecheros del citrus.

 

Luego de la primera y principal de las “noche de los apagones”, y con su marido ya desaparecido, Olga Aredes comenzó a marchar sola, en la plaza del pueblo, con su pañuelo blanco y una pancarta. Con el tiempo, su andar solitario se transformó en la multitudinaria “Marcha de los apagones”, que todos los años recorre diez kilómetros desde Calilegua hasta Libertador, uniendo los pueblos desde donde, en camiones del ingenio Ledesma, hace 44 años la gendarmería se llevó a tantos, amparados por la dictadura, por Blaquier y por la oscuridad.

 

Olga Aredes falleció de cáncer el 17 de marzo de 2005, en Tucumán, víctima del deterioro que en su salud provocó tanto dolor y el propio bagazo del ingenio al que durante décadas denunció. Al día siguiente, a las 7 de la mañana, los abogados de la empresa se presentaron en la Cámara Civil y Comercial de San Pedro pidiendo que se cerrara la causa por contaminación que la mujer, aún no enterrada, les había iniciado.

 

La impunidad era la misma: igualita a la que les había permitido “marcar”, en 1979, a quienes denunciaban en San Miguel de Tucumán a la dictadura ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (dependiente de la OEA); o a la que les había permitido en las décadas de los ‘70s, ‘80s y ‘90s, conseguir el “despegue económico y la diversificación de la producción” (Blaquier dixit) sobre la base de la liquidación de las conquistas obreras, la persecución de los militantes sindicales, las jornadas de trabajo de más de 12 horas y la paga de salarios con “papeles” de la empresa.

 

Genocidas

 

Los asesinos de la dictadura ya no pueden caminar impunemente por las calles de Argentina, se suele escuchar por estos días. Néstor (y no la lucha histórica de los organismos de DDHH) logró enjuiciar y encarcelar a los peores de estos genocidas, decían algunos mientras velaban al ex presidente. Y, por supuesto, el pueblo que supo conquistar estos avances en materia de memoria y justicia, los festeja.

 

De todos modos, queda la espina en miles de gargantas y corazones que sigue y sigue picando y haciendo sangrar: los empresarios que planificaron, ordenaron, impulsaron, avalaron y legitimaron, pero sobre todo usufructuaron de la dictadura, sí pueden caminar tranquilos, sí pueden vivir en sus mansiones “en paz”, sí pueden navegar hasta Punta del Este, y no tienen miedo (no con este gobierno) de ser juzgados y encarcelados, ni siquiera interrogados.

 

Pero lo que es peor, es que ésta falta esencial de justicia es sólo el símbolo de una realidad mucho más profunda: los sectores económicos (locales y extranjeros) que necesitaron de la dictadura para imponer el modelo de país que consiguieron, siguen gobernando y dirigiendo la batuta, en materia de política económica al menos, en el país. Que 8 pibes mueran de hambre por día en la Argentina de hoy, que puede alimentar a 300 millones; también es un crimen de la dictadura y de lessa humanidad, y también necesita de justicia y de culpables.

 

La presidenta CFK anunció con bombos y platillos (nacionales y populares) el principio de acuerdo para el pago de la deuda externa con el Club de París. El 49% de la misma fue contraída antes de 1983, principalmente durante la dictadura, para comprarles armas y aviones a Alemania y Francia para la probable y delirante guerra entre los ejércitos de Videla y Pinochet. Lo presupuestado para pagar la tantas veces pagada “deuda” externa, tantas veces demostrada ilegítima y usuraria, es cuatro veces superior a lo previsto para “gastos” en educación y (+) salud. Decía el historiador Alejandro Olmos (h) ya en 2008: “La decisión de la Presidenta de cancelar la deuda con el Club de París fue recibida con entusiasmo por la mediocre clase política. Ya el vicepresidente Julio Cobos declaró que honramos la deuda y el convencionalismo de los economistas aplaudió esa absoluta falta de respeto por el orden jurídico. Pero cuando esas deudas son materia de una investigación criminal hay que esperar un pronunciamiento judicial que determine su legalidad. (…) Pagarle al Club de París sin esperar los resultados de la investigación judicial es un cabal ejemplo de que el Estado de derecho en la Argentina es sólo una ficción en cuanto a la defensa del Estado nacional, y sólo alcanza para perseguir a los decrépitos militares de la dictadura, olvidándose de sus autores ideológicos, que siguen usufructuando de los beneficios del ilegal endeudamiento.”

 

El 20 de noviembre, en un nuevo aniversario de la batalla de la Vuelta de Obligado, en su discurso por el día de la Soberanía Nacional, la presidenta denunció el “colonialismo inglés que aún subsiste en las Malvinas”, al que su gobierno combate por medio del Twitter. Ni un solo interés económico de la tierra de los piratas se vio afectado por alguna medida de fondo tomada por los gobiernos pingüinos.

Quizá, como lo dice Blaquier, como lo expresa la Barrick Gold, como lo murmuran en Telecom, quizá también en Londres haya unos cuantos empresarios barrigones, trajeados y perfumados, brindando con un buen scotch on the rocks y contándoles, a sus amigos londinenses, que ellos también son “cristinistas”.

 

Modificado por última vez en Martes, 23 Noviembre 2010 18:18

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